Los padres de los alumnos indicaron que la construcción de un aula se inició en 2014, pero las obras nunca concluyeron, pese a los reiterados pedidos hechos a la Gobernación de San Pedro. A la institución asisten unos 50 alumnos desde el primero hasta el tercer curso y cada año hay más deserción de jóvenes debido a la falta de comodidades.
El colegio solo tiene un aula construida por la Municipalidad de Lima y su baño es una improvisada letrina que tiene como paredes bolsas de arpillera construidas por los padres, en tanto que la oficina administrativa funciona en los vehículos particulares de los docentes; incluso los documentos ministeriales son guardados en estos rodados.
Antes, los estudiantes daban clases bajos los árboles de una escuela aledaña, pero desde 2014 cuentan con un inmueble y han solicitado ayuda a varias autoridades para construir las aulas. Sin embargo, la ayuda fue muy escasa y, ante las múltiples necesidades, los estudiantes construyeron un tatacuá en donde elaboran chipá y pan casero, que posteriormente venden para poder de esa manera financiar algunas mejoras para el colegio.
Al respecto, el director Héctor Insfrán manifestó que el gobernador, al enterarse de que los estudiantes tomaron la institución y exigen la culminación del aula, envió a algunos obreros para continuar con la obra. Sin embargo, esta no es la primera vez que Rodríguez hace eso, pues cada tanto aparecen dos o tres empleados que trabajan durante una semana y luego vuelven a abandonar la obra. Al respecto, intentamos conversar con el gobernador, pero tenía el teléfono celular apagado.
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