Mil días, pocas respuestas

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En julio de 2014, mil días atrás, se consumaba el secuestro más prolongado en la historia del país, del que ninguna autoridad nacional tiene datos fidedignos. Edelio Morínigo sigue en manos del EPP y el Gobierno solo piensa en la reelección.

El suboficial Edelio Morínigo prestaba servicio en el puesto policial del asentamiento campesino Núcleo 3 de Arroyito, en el distrito de Horqueta (departamento de Concepción). El 5 de julio de 2014, su día libre, fueron a cazar con su tío político Pascual Ledesma Bazán, además de Ramón Froilán Mendoza, Ignacio Acosta Colmán y Leonardo Acosta Colmán, Raimundo Trinidad Sosa, Arnaldo Díaz Espínola y su cuñado Santiago Ledesma Colmán.

Ya en el monte, en localidad de Arroyo de Oro, distrito de Horqueta, se toparon con unos desconocidos fuertemente armados, que resultaron ser miembros del grupo criminal EPP, que en aquel entonces ya tenían secuestrado a Arlan Fick. Se llevaron a todo el grupo a un campamento clandestino.

Horas después, todos fueron liberados, excepto Edelio, y en breve la noticia recorría el país. La banda criminal que florecía en el Norte daba el puntapié inicial a otro secuestro, hasta ahora activo y catalogado como el más prolongado en la historia del país.

Hoy se cumplen mil días de aquel momento, cada uno más doloroso que el anterior para su familia, para su madre, doña Obdulia, quien en compañía de su esposo, don Apolonio, han realizado innumerables ruegos a las autoridades, y para su esposa, Elisa Ledesma de Morínigo.

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Cuando cumplió 111 días en cautiverio, en octubre del 2014, llegaba a las autoridades un video con una valiosa información, una prueba de vida de Arlan y Edelio, en medio de una prisión rústica de madera y rodeados de criminales fuertemente armados, además de explosivos.

“Quiero que sepan que estoy bien de salud; estén tranquilos, no quiero que se preocupen por nada, no se quebranten por nada. En cualquier momento, si Dios y la Virgen quieren, vamos a reunirnos nuevamente”, fueron las breves palabras del policía. Ese 22 de octubre fue la última vez que su familia lo vio, por lo menos en video, que fue grabado cuatro días antes.

Como era un efectivo de las fuerzas del orden y su familia es de origen humilde, el EPP lo quiso convertir en moneda de cambio. Prometían liberarlo a cambio de dejar en libertad a los miembros integrantes del grupo armado que hoy se encuentran encerrados en prisión. Aquella vez, pusieron como límite el 1 de noviembre de aquel año para que el gobierno negociara; de lo contrario, pondrían fin a su vida. Nunca fue analizada la posibilidad de liberar a ningún criminal. Nunca hubo otra prueba de vida. Nunca las autoridades proporcionaron información certera acerca de él.

Los diferentes voceros de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC), los ministros, los jefes policiales, daban siempre las mismas respuestas a esta pregunta. “Tenemos información de inteligencia que indica que está vivo”; es más, es la misma respuesta que se ofrece con todos los secuestrados. Ninguna de las personas que cayeron en manos de los secuestradores fueron liberadas por intermediación de las fuerzas conjuntas, sino que fue necesario el pago del chantaje de las familias, que podrían cumplir las exigencias.

Cada nuevo secuestrado que regresaba a su casa era un rayo de luz para la familia del policía. Arlan Fick contó que hasta poco antes de ser soltado compartió el mismo espacio con Edelio. La liberación del adolescente Franz Wiebe fue la oportunidad más reciente de obtener nuevas perlas de esperanza, pero el liberado la noche del 25 de febrero dijo que no vio a ningún otro secuestrado, pues lo mantenían con la cabeza tapada, bajo la custodia de al menos dos hombres, y siempre sujeto a un árbol.

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Un evento de esta naturaleza es uno de los desafíos más grandes para cualquier familia. El secuestro de Edelio marcó, con el paso de los años, un quiebre en el seno familiar.

Recientemente, se realizó un careo entre los familiares del suboficial, su esposa Elisa Ledesma y las personas que lo acompañaron el día en que fue plagiado. Una sesión de catarsis y acusaciones que culminó con un fraternal y efusivo abrazo entre Obdulia y Elisa, quienes vuelven a juntar sus esperanzas.

Luego del encuentro, doña Obdulia decidió suspender su crucifixión, que tenía previsto realizar ayer en el lugar conocido como Calle 18 en el nuevo municipio de Arroyito, Concepción. “En lo que no voy a desistir es en pedir informaciones sobre el paradero de mi hijo, es algo que voy a reclamar siempre”, dijo.

Hoy, mil días después de que se haya iniciado el secuestro del oficial del policía, del que ninguna autoridad puede dar información certera, la discusión política en el Congreso gira exclusivamente en torno a la introducción en la Constitución de la República de la figura de la reelección, para que Horacio Cartes pueda volver a pujar por la presidencia.