Las declaraciones de Acosta acerca de las heridas de los policías coinciden con el testimonio del perito balístico César Silguero, que hace un mes aseguró en el juicio que las heridas de bala tenían orificio de entrada arriba y de salida abajo.
Esto refuerza la tesis de la defensa de los campesinos acusados de que los seis policías muertos recibieron disparos efectuados desde un helicóptero policial que sobrevolaba el lugar de la masacre.
Las filmaciones del vuelo de ese helicóptero nunca fueron analizadas como pruebas por la Fiscalía y el piloto de la aeronave, Marcos Agüero, falleció el pasado 14 de agosto en un accidente aéreo mientras patrullaba en la ciudad de Limpio, en la zona del Gran Asunción.
Además de Acosta, prestaron declaración los suboficiales Sergio Alarcón y Antonio Carlos Guzmán, ambos movilizados para intervenir en el desalojo que desencadenó la masacre.
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Según Guzmán, a los policías se les notificó que debían acudir sin armas a la operación de desalojo, solo provistos de chaleco y porra, pero admitió que muchos policías llevaban armas cortas y largas.
Once campesinos son juzgados por la muerte de los seis policías, mientras que no hay imputados por el fallecimiento de los campesinos en la masacre.
El juicio se reanudó hoy después de que el pasado jueves se suspendiera la sesión por el desmayo de uno de los acusados, Rubén Villalba, el único de los procesados que permanece en prisión condenado por una causa anterior.
La matanza de Curuguaty sirvió de base al entonces opositor y hoy gobernante Partido Colorado para impulsar la destitución del presidente Fernando Lugo en un juicio político tildado de irregular por instituciones como el Mercosur o la Unasur.
