Los hechos sucedieron en diciembre de 2013 en la localidad de Puerto La Esperanza, en el Chaco paraguayo, cuando el ahora condenado y su hermano, declarado en rebeldía, entraron en la habitación donde dormía su prima, en la casa de su abuela, y la sometieron sexualmente.
La niña, que quedó embarazada como resultado de estos abusos, relató a su madre lo sucedido, quien denunció los hechos.
Cada día, un promedio de dos niñas de entre 10 y 14 años da a luz un bebé vivo en Paraguay, en la mayor parte de los casos como resultado de un abuso sexual, según datos del Ministerio de Salud Pública.
El dato no da cuenta de la cifra real de embarazos, ya que no considera a las niñas que fallecen por complicaciones del embarazo, el parto o el posparto, ni informa sobre el número de abortos, legales o clandestinos, según denuncia el Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem).
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La organización pide a las autoridades paraguayas que permitan abortar a las niñas embarazadas como resultado de un abuso sexual, debido a que se trata de embarazos de alto riesgo con consecuencias a largo plazo para la salud física y psicológica de las menores.
La ley paraguaya prohíbe el aborto en todos los casos, excepto cuando hay un riesgo de vida para la madre y existe una recomendación médica.
Organismos internacionales como la ONU han reiterado a Paraguay su pedido de que despenalice el aborto en los casos de malformación grave del feto, violación e incesto.