07 de Diciembre de 2017 17:30

 

Todos buscan el agua milagrosa

La pequeña Guadalupe nació hace siete meses en el Hospital de Barrio Obrero, en Asunción. Sus padres viven en el populoso barrio de La Chacarita. Desde allí llegaron para empaparse con las milagrosas aguas de Tupasy Ykua.

Bajo el tórrido sol que golpea la siesta en la Villa Serrana el agua sale más fresca y cristalina de los grifos y chorros de Tupasy Ykua, uno de los puntos más visitados después de la Basílica.

El ritual del peregrino es el mismo: inclinarse a mojar el rostro, la cabeza y juntar el agua en botellas o damajuanas con la forma de la Virgen para llevar a las casas. Todos coinciden que es para espantar los males y curar a los enfermos durante el año.

El contacto con el vital líquido de por sí levanta el ánimo, aplaca el calor y aliviana la carga de la caminata bajo el sol.

Noelia Ferreira por poco baña a su beba de siete meses con el chorro de agua y cuenta que su hija nació en el Hospital de Barrio Obrero con una grave lesión en la cadera. Desde entonces han acudido, no sólo a los centros asistenciales y a profesionales médicos, sino a todo tipo gente naturalista dedicada a curar el mal.

Ahora decidieron llegar hasta la Basílica de Caacupé para pedir a la Virgen que la bebita sane definitivamente. De hecho, desde que le encomendaron su protección ha experimentado una gran mejoría. La acompaña su marido, Carlos David Alegre, y sus otros niños Yerika, Maximiliano y Luz María, en plena siesta para beber del agua y mojarse todo el cuerpo, dado que se le atribuye un gran poder curativo.

Con la inscripción “Rumbo a Caacupé 2017” otro grupo de doce personas llegó desde Coronel Oviedo con sus remeras color naranja y la imagen de la virgen bordada en el pecho.

Es una tradición religiosa que mantienen las familias Perez-Méndez, Collante-Benítez y Espinoza desde hace 30 años. “Por la salud, la familia y la gracia que recibimos cada año hacemos este sacrificio”, dice uno de los integrantes del grupo, todos parientes entre sí.

Cuentan que cada año cambian el color de la remera y el distintivo y vienen caminando desde Coronel Oviedo. Les acompaña un movil de auxilio a lo largo de los 80 kilómetros, ante cualquier eventualidad.

El objetivo es participar de la misa ovetense de las 00:00 para recibir la celebración del 8 de diciembre, como es tradicional cada año. Allí se encuentran todos los compueblanos y familiares y unen su plegaria.

También desde la lejana Ygatimí, departamento de Canindeyú, llegaron hasta el pozo de la Virgen unos 15 integrantes de las familias Cañete, López, Ramírez y Ávalos, acompañando la Caravana de peregrinación del Este del país.

 
 

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