El cartismo insiste en que todo es casualidad. Si con eso intenta restar críticas, lo que obtiene es el efecto contrario.
El 31 de octubre de 2016 el presidente Cartes afirmaba que no buscaría más la reelección por la vía de la enmienda, pues no deseaba crispar a la ciudadanía. El 30 de marzo de 2017 Cartes ya no tenía problema de crispar a nadie. Coincidentemente, el comunicado que estaba posteado en la página web de la presidencia desapareció.
Quien quisiera comparar lo que decía el presidente cinco meses atrás con su postura actual, se encontraba con la sorpresa de que el documento ya no estaba en línea.
Pero nada de pensar mal. El ministro de la Secretaría de Información y Comunicación (Sicom), Fabrizio Caligaris, dejó claro lo que ocurrió: el mensaje en el que Cartes se expresaba contra la reelección vía enmienda fue borrado “sin querer”. Argumentó que hubo un “cambio de servidores” que derivó en la "desaparición" de publicaciones pasadas.
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Caligaris explicó que no hubo intención de ocultar los dichos pasados del gobernante, sino que todo se debió a un problema “técnico”. “Yo hice una consulta a los administradores del portal de Presidencia y sinceramente no es un ataque cibernético, no hay fantasmas; realmente se eliminaron muchas informaciones... Le consulté al equipo del ministro asesor y me dijo que hicieron un cambio de servidores y en el cambio hay información que fue eliminada”, explicó.
La historia más trágica estaba aún por llegar. El dirigente liberal Rodrigo Quintana (26), uno de los manifestantes contra la violación de la Constitución Nacional, fue asesinado a quemarropa dentro del local del Partido Liberal Radical Auténtico, en un procedimiento filmado por las cámaras de ABC TV.
El país estaba de duelo: la Constitución era mancillada y sus defensores golpeados y asesinados. Y el gobierno respondía con otra fantástica explicación: el suboficial ayudante Gustavo Florentín (23), que nunca debió pisar la calle porque estaba arrestado por violencia doméstica, se había escapado de su lugar de detención y solo y por iniciativa propia tomó uniforme, armas, municiones, se colocó a la cabeza del grupo que atracó la Casa de la Libertad y asesinó a Quintana. Todo, "sin que mediara orden alguna".
El pasado domingo 2 de abril, monseñor Claudio Giménez se disponía a pronunciar su homilía en Caacupé. Todo indicaba que hablaría sobre los últimos hechos de violencia ocurridos. El asesinato de Rodrigo Quintana (26) en la propia sede de su partido era tema obligado.
Pero, justo cuando el obispo comenzaba a hablar, la transmisión se cortó. En su lugar, Canal 9 –que transmitía la misa en directo– comenzó a emitir un programa de magia. Supuestamente, se había cortado la luz en la basílica.
En conversación con ABC Cardinal, Giménez aseguró que no se cortó la energía eléctrica, sino que solo la transmisión. Aseveró que los que estaban en el lugar no se percataron de la interrupción y siguieron normalmente con la misa.
Al pedírsele si podía hacer un resumen de lo dicho con relación a la crisis política en nuestro país, de manera que los oyentes pudieran enterarse respondió que en ese momento no tenía a mano el mensaje. Llamó la atención que no quisiera repetir siquiera la idea central.
Una serie de eventos desafortunados que terminó de la peor manera y que no se puede repetir.
