Habían pasado ya varios minutos de las 11:00. La espera se había extendido por varias horas y no se habían registrado mayores novedades. Todo apuntaba a que la jornada sería infructuosa. El motor del automóvil se puso en marcha, había que volver a la redacción para continuar con el trabajo; el equipo regresaría al lugar el lunes tal vez.
En ese preciso instante, un camión color verde con carpa protectora en la carrocería dobló desde la calle Tte. 2° Benigno Villamayor para tomar Diego de Silva y Velázquez; pasaron justo al lado del automóvil desde el que se había montado guardia en la esquina. En sus dos puertas llevaba pintado escudos del Ejército paraguayo. Siguieron desplazándose algunos metros más y el vehículo se preparó para entrar en reversa a una casa.
Un efectivo descendió y conversó durante varios segundos con los encargados de la panadería; hasta que se consiguió la autorización para poder ingresar con el camión. Una vez que el vehículo estuvo adentro, se cerró el portón.
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Tal como lo había afirmado una persona en una denuncia enviada a ABC Color, un vehículo con identificación militar llegaba hasta la Panadería Greco e ingresaba a su garage para realizar algunas tareas. Según el denunciante, los efectivos militares estarían llevando hasta el lugar víveres que debían ser destinados a los damnificados por la crecida del río Paraguay.
Permanecieron en el interior de lugar por unos diez o quince minutos. Luego de ese tiempo, el camión y sus pasajeros se retiraron de allí para dirigirse a su próximo destino. Tomando cierta distancia, el equipo de investigación de ABC Color siguió al camión. El conductor del vehículo estatal optó por desplazarse la mayor parte del tiempo por vías alternativas, evitando las arterias principales lo máximo posible y luego de varios minutos de viaje, el vehículo llegó a su segundo destino.
No, no se trataba de algún destacamento militar. Era otra casa particular, esta vez ubicada sobre la calle Pino González de Campo Grande. Los efectivos bajaron del camión e ingresaron a la casa para salir tiempo después cargando un refrigerador que alzaron a la carrocería antes de volver al camino.
Algunos minutos más de viaje y finalmente el vehículo llegó a su destino final: el Regimiento de Caballería Número 4 “Acá Carayá” - Regimiento Escuela. El vehículo pasó sin mayores problemas, nadie lo detuvo para confirmar la identidad de quienes viajaban a bordo.
Una vez confirmado el orígen del vehículo, el equipo regresó a la panadería para conversar con el propietario. Nos atendió Federico Greco de 75 años, quien lleva trabajando en la zona varios años.
A la pregunta del porqué un vehículo militar había estado en su local tiempo antes, Grego respondió que “a veces nomás” aparecían los uniformados. El hombre aseguró que él no utiliza harina cuya compra no pueda ser registrada a través de facturas.
Relató que durante algún tiempo se encargó de preparar panificados para los militares, pero “yo me dejé de ellos porque los panaderos no querían usar la harina que traían porque ivaieterei (es muy fea)”.
El hombre cayó en reiteradas contradicciones. La primera fue ante la pregunta de si tenía algún pariente militar. “No”, fue la respuesta brindada sin dudar. Sin embargo, minutos más tarde mientras proseguía la conversación terminaría afirmando que su hermano y un primo eran militares, aunque ya en situación de retiro.
Greco aseguró que la última vez que había visto a los militares había sido un día antes de nuestra visita, es decir el pasado jueves. “Ayer me trajo otra vez y yo le dije que ya no quería porque no tengo luego más panadero y no quieren trabajar con su harina. Ha opa upépe”, afirmó. “Yo no le compro luego nada a ellos, no me voy a comprometer con cosas que no es”, agregó.
El panadero explicó que a veces aparecen con intención de dejar una o dos bolsas y que él no estaba dispuesto a ensuciarse por tan poco. Con sus años de trayectoria en el ramo, relató que llegó a encargarse de la producción de panificados para el Buen Pastor y el Neurosiquiátrico. Sin embargo, asegura, los problemas que sufrió -especialmente a la hora de cobrar lo acordado- lo hicieron dejar de lado ese trabajo.
Don Federico dijo desconocer la unidad a la que pertenecían los militares que lo habían visitado y menos aún sobre el origen de las provistas que le habían ofrecido. Sobre la asiduidad de las apariciones de los militares, Greco señaló: “a veces, no es que vienen semanalmente mba’e”. Afirmó que en otras ocasiones funcionarios de otras entidades le llegaron a ofrecer víveres que él dice haber rechazado.
“Hoy no vinieron, no van a venir todos los días”, aseguró. Sin embargo, en las filmaciones y fotografías captadas por el equipo de investigación de ABC se observa a Greco abriendo y cerrando los portones para que los militares ingresaran y se retiraran. “No quiero tener problemas con nadie”, afirmó.
“Anteriormente no había problemas porque en la época de Stroessner se repartía luego víveres, todos los días venía camión militar”, acotó.
Mientras conversábamos, del interior del local apareció un hombre de unos 30 o 40 años, a quien Greco presentó como Patrio, su sobrino. “¿Quién hizo la denuncia?”, preguntó una vez interiorizado sobre la cuestión.
El hombre parecía más interesado en el denunciante que en la denuncia. Una vez que le explicamos que se había realizado de manera anónima, indicó que “hay que saber quién hizo la denuncia”.
“Vamos a investigar quién hizo la denuncia, eso hay que saber”, sentenció.
El coronel Abundio Garay, comandante del RC4, afirmó desconocer la supuesta mala utilización de un vehículo militar en su unidad. El uniformado explicó a ABC Color que los damnificados que se encuentran refugiados en el destacamento no reciben productos no elaborados y que la ayuda es entregada en kits por parte de la instituciones encargadas de la asistencia.
Además, según Garay, los uniformados retiran tres veces a la semana los alimentos que le corresponden a su unidad de acuerdo a la cantidad de efectivos. “Nosotros retiramos galleta de la intendencia de acuerdo a la cantidad de jinetes que tenemos”, manifestó.
Aseguró que quienes se encuentran en la entrada del destacamento deben registrar el ingreso de cualquier vehículo y que en base a ese registro se encargaría de averiguar quiénes eran los responsables del vehículo en cuestión. Reconoció que le parecía muy raro que un camión militar estuviera circulando sin chapa.
En otro momento, Garay manifestó que en el RC4 se encuentran varios vehículos de otras unidades que se están comisionados para trabajar con la SEN en la asistencia a los damnificados y agregó que podría tratarse de uno de esos.
El RC4 es uno de los destacamentos militares en los que son asistidos los damnificados por la crecida del río Paraguay. En el lugar se encuentran refugiadas unas 380 familias, aproximadamente 1500 personas.
