06 de Diciembre de 2017 11:02

 

Día Mundial del Suelo: Conservar los suelos bajo una mirada de sostenibilidad

Por Adriana Gregolin

El suelo es fundamental para el desarrollo sostenible. Su salud y equilibrio son vitales para asegurar las condiciones productivas adecuadas de los diversos sistemas agrícolas y forestales.

 

Con el objetivo de sensibilizar a las personas acerca de la vital importancia de los suelos para nuestras vidas, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó, en 2013, el 5 de diciembre de cada año el Día Mundial del Suelo.

En el marco del Proyecto Regional +Algodón, llevado a cabo por la FAO, el gobierno de Brasil, representado por la Agencia Brasileña de Cooperación (ABC) y los gobiernos de siete países de América Latina y el Caribe socios, hemos venido trabajando en una serie de acciones en campo, entre ellas, conservación del suelo bajo una mirada de sostenibilidad, que puede generar cambios profundos y permanentes en los sistemas productivos. Los socios en esta iniciativa de Cooperación Sur-Sur Trilateral son Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador, Haití, Paraguay y Perú.

El algodón suele necesitar suelos de mediana a alta fertilidad, y tiene una alta resistencia a suelos empobrecidos que se enfrentan sequías. Es uno de los cultivos agrícolas con gran demanda de insumos químicos, concentrando alrededor del 24% del mercado mundial de plaguicidas. Por esa razón, es de suma importancia adoptar prácticas para la mitigación de los daños y la recuperación de la capacidad efectiva de los suelos y, de esa manera, revertir la degradación actual y contribuir al desarrollo de una agricultura de bajo impacto ambiental, social y económico.

Un buen manejo de los suelos genera resultados positivos en los ingresos de pequeños, medianos y grandes productores, lo cual se ve reflejado en la disminución de costos y/o aumento de la productividad de los cultivos.

Con la participación de expertos de varios países, se acordaron cinco áreas de acción en el ámbito del Proyecto +Algodón: sistemas de producción integrados de algodón; manejo integrado de plagas y enfermedades (MIPE); semillas y variedades de calidad, adaptadas a la realidad del país; maquinarias y equipos aptos para la agricultura familiar; y manejo sostenible y responsable de suelos y agua como recurso principal de la actividad.

La capacitación es un componente clave para los países socios. Esta se realiza por medio de días de campo, talleres, cursos, parcelas demostrativas y de validación de semillas y buenas prácticas de manejo, beneficiando a más de 1.000 personas en Paraguay y Perú. El objetivo es difundir las buenas prácticas tecnológicas en el uso de los suelos, especialmente para el cultivo del algodón, cultivos asociados y de rotación.

Agricultores familiares y técnicos de las instituciones nacionales cuentan con conocimientos ampliados en preparación de suelo y fertilización, siembra mecanizada, manejo integrado de plagas y plaguicidas, y control de crecimiento de las plantas, además de una mejor gestión de costos a nivel de la finca.

En las parcelas demostrativas implementadas en Paraguay, Perú, Colombia y Bolivia se han generado espacios para la formación de conocimientos técnicos y de gestión en favor de la mitigación de riesgos, sin dejar de abordar la perspectiva de género y el cambio climático, entre otros aspectos que afectan de forma particular cada país. Estas actividades están direccionadas a distintos públicos, como investigadores, técnicos extensionistas, agricultores y estudiantes de nivel técnico de escuelas agrícolas.

Las actividades en campo cuentan con el apoyo técnico de las instituciones brasileñas cooperantes: Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa) y Empresa Estadual de Asistencia Técnica y Extensión Rural de Paraíba (Emater-PB). Sus esfuerzos se suman a los de las instituciones públicas y privadas nacionales en la búsqueda de soluciones para el sector algodonero.

En Perú, las entidades participantes en esta iniciativa son el Ministerio de Agricultura y Riego (Minagri), el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) y la Dirección Regional Agraria de Ica de Lambayeque y de Piura. Para el año 2018, se espera promover la incorporación de la broza al suelo, como una estrategia para mejorar su contenido de materia orgánica y preparar al predio para un próximo cultivo.

En Paraguay, se han promovido líneas estratégicas sobre el manejo sostenible del suelo y de recursos naturales en la producción algodonera, por medio de un modelo diversificado entre algodón y alimentos, además de abonos verdes para aumentar la materia orgánica y capacidades productivas del suelo, bajo la metodología de capacitaciones presenciales, días de campo y talleres para el intercambio de información. Estas acciones cuentan con el apoyo del Programa Nacional de Manejo, Conservación y Recuperación de Suelos, del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), de extensionistas de la Dirección de Extensión Agraria de Paraguay (DEAg/MAG), Dirección de Educación Agraria de Paraguay (DEA/MAG), de investigadores del Instituto Paraguayo de Tecnología Agraria (IPTA) y de Embrapa.

Los resultados de las últimas campañas en Paraguay señalan un incremento del 50% en la productividad del algodón sembrado en las parcelas demostrativas, en comparación al promedio nacional. En Perú, se logró entre un 80% y 200%, resultado de la aplicación de buenas prácticas e innovaciones promovidas por las instituciones socias de esta Cooperación Internacional.

Los peligros para el suelo

Prácticas inadecuadas como excesos en el uso de agroquímicos o una labranza intensiva pueden afectar las propiedades del suelo en sus distintos estratos, generando un aumento de la compactación y erosión; así como pérdida de suelo y de microorganismos benéficos, de materia orgánica y de la capacidad de retención de agua o de alteraciones en los niveles naturales de fertilidad y pH. Estas y otras perturbaciones generan condiciones desfavorables para el buen crecimiento y desarrollo de los cultivos que terminan por fragilizar las familias agricultoras al poner en riesgo su capacidad productiva y su seguridad alimentaria.

El desafío consiste en lograr una agricultura más productiva y menos intensiva en los impactos físicos, químicos y biológicos para el suelo. Por eso, conservar adecuadamente los suelos contribuye al sustento de los cultivos, entregándole la matriz básica para el acceso al agua, oxígeno y nutrientes necesarios para su crecimiento. El algodón sostenible es un cultivo generador de importantes ingresos para familias agricultoras y puede ser un aliado en la lucha contra la desertificación y la degradación de las tierras, contribuyendo a detener la pérdida de biodiversidad de los suelos, en el marco de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible.

(Adriana Gregolin es coordinadora regional proyecto +Algodón)

 

 
 

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