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20 de Febrero de 2018 13:30

 

Duras decisiones de los desplazados en Aburoc

Por Médicos Sin Fronteras

Un año después de que estallaran los enfrentamientos en la región del Alto Nilo en Sudán del Sur, muchos de los que huyeron de la violencia permanecen en la aldea de Aburoc.

Pero, en breve, esta comunidad tendrá que hacer frente a una difícil elección: quedarse en la zona, donde las condiciones de vida son duras y cada vez peor, o regresar a casa, a sus pueblos, donde las tensiones siguen vivas.

“Les digo a mis hijos que cuando sea el momento de morir, moriremos”, dice Ana, que tiene siete hijos y está sentada en la puerta de su cabaña improvisada. “Originalmente, nosotros huimos de la ciudad de Malakal; después, el año pasado, los enfrentamientos nos obligaron a mudarnos dos veces porque nuestras casas fueron destruidas”.

En mayo, más de 38.000 personas que huían de la violencia se dirigieron a Aburoc. Pero cuando llegaron, no había refugio, agua ni comida. Los enfrentamientos entre las fuerzas del gobierno y de la oposición se acercaban y la comunidad estudiaba otro movimiento. Durante los meses anteriores, mucha gente había huido hacia el norte. Lo que queda es un mercado, un par de tiendas de té, iglesias e incluso un taller de bicicletas. De Sudán, llegan tractores cargados hasta arriba para proveer a los puestos del mercado, pero el dinero para comprar es escaso.

La mayoría vive en refugios de mimbre abarrotados, cubiertos con plásticos muy deteriorados que sirven de tejado. Las cosas apenas son mejores que cuando vivían al aire libre.

“Esta huida constante de una ciudad a otra ha hecho mella en la capacidad de la comunidad para tomar decisiones. Algunos planifican con antelación, pero otros siguen mental y físicamente agotados por la terrible experiencia del año pasado”, dice Paiva Dança, gerente de proyectos de Médicos Sin Fronteras (MSF) para Aburoc. “Algunos no pueden pensar en el futuro; lo más probable es que sigan la decisión del grupo”.

Esta comunidad de 8.500 personas tendrá que tomar una importante decisión en los próximos meses. Entre febrero y mayo, el agua será escasa. La comunidad humanitaria y las autoridades siguen estudiando la costosa posibilidad de transportar agua en camiones desde el lejano Nilo.

“A pesar de que algunas de las ONG internacionales presentes en Aburoc están corriendo para proporcionar agua, es importante recordar que hace ocho meses hubo una crisis de cólera en el campo. Si queremos evitar que se produzcan nuevos brotes, se deben mantener los estándares de cantidad y calidad del agua”, dice Jaume Rado, jefe de misión de MSF en Sudán del Sur.

“La paz en esta parte de Sudán del Sur es frágil”, explica Jaume Rado. “Estos desplazados internos necesitan sentirse lo suficientemente seguros con respecto a la decisión de volver a casa cuando llegue el momento. Hasta entonces, deberían poder quedarse donde están”.

En estos momentos, existen tres opciones para la comunidad desplazada que se encuentra actualmente en Aburoc. Pueden quedarse donde están, tal vez un año más, y posiblemente ir viendo cómo se siguen degradando las condiciones y disminuye el acceso al agua potable. Pueden regresar a casa, a sus aldeas y, tal vez, encontrarse ante la misma violencia de la que huyeron. O bien, pueden ir al norte de Sudán, lejos de sus amigos y familiares, donde las condiciones de vida en los campos de refugiados son difíciles.

A la pregunta de si se iría, una mujer dijo: “Sudán no es mi hogar. Solo iré al norte si empieza a faltar el agua. De lo contrario, me quedaré aquí”.

Pero en otro lugar, otra mujer había tomado una decisión diferente. “Volveré a mi pueblo en las próximas semanas, pase lo que pase. Era un buen lugar y mi familia estaría mejor allí”. Sus amigas asienten con la cabeza.

Algunas organizaciones humanitarias en el área están empezando a irse para atender otras emergencias. Pero la comunidad todavía necesita su apoyo, ya que la vida en Aburoc es insostenible sin la provisión de alimentos, agua, refugio y atención médica.

Incluso ahora, las raciones de alimentos son tan pequeñas que muchos desplazados internos tienen que encontrar formas alternativas de obtener ingresos para comprar lo esencial. Algunos trabajan como jornaleros para las ONG, otros fabrican y venden carbón. No es raro escuchar a las mujeres viudas destilando y vendiendo un licor local, llamado Marrisa, por algunas libras sursudanesas.

Los equipos de MSF han estado con muchas de estas personas durante todo el traumático viaje. Dos de sus proyectos, en Wau Shilluk y Kodok, fueron destruidos en los enfrentamientos y, cuando la población huyó, MSF los siguió. A principios de febrero de 2017, se abrió un pequeño hospital de campaña en Aburoc para atender a una población que no dejaba de crecer.

“Al principio, veíamos principalmente pacientes con enfermedades respiratorias, diarrea, todos los trastornos relacionados con la exposición a la intemperie. Estábamos muy preocupados por los pacientes que necesitaban medicamentos, como los que viven con el VIH”, explicó Irenge Lukeba Landry, gerente de actividad médica de MSF en aquel momento.

“Haremos todo lo que podamos para apoyar el derecho de estas personas a elegir entre permanecer en Aburoc o regresar a sus hogares. En este caso significa proporcionar servicios médicos y humanitarios donde las comunidades decidan estar”, explica Jaume Rado. “Esperamos que otros grupos humanitarios hagan lo mismo”.

 
 

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