La APF y sus tropelías (Fin)

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Hay una protección deliberada, una alianza maliciosa y funesta que busca abortar los vientos de cambio y renovación. Entonces, ¿A quiénes podrán recurrir las entidades conculcadas si la propia APF no se ocupa de la armonía y la claridad del fútbol?

 

La CONMEBOL y la misma FIFA arrinconan las denuncias y se desentienden de cualquier obligación y responsabilidad, cual es, la de remediar las malarias existentes en cada rincón de Sudamérica y por ende dictaminar un castigo ejemplar a los delincuentes, mutualistas y troyanos.

Al encontrarse la existencialidad de un club, junto a sus socios e hinchada, en total indefensión; lo único que les resta es recurrir a los tribunales internacionales, ya que la FIFA con su inacción, sectarismo, manipulación e invocación constante al rechazo in limine, no obra en favor de la equidad, de la legalidad y del pudor del fútbol.

Todo lo contrario, la FIFA, la CONMEFOL y la APF son reyes en la aplicación de la “ley del ñembotavy” (hacerse el burro o desentendido), obvian, marginan y arrinconan todo lo que no les gusta o afecte a los intereses de la cofradía. Son organizaciones o sectas dedicadas a la explotación y manipulación del statu quo, cuyo modus operandi es el modelo capomafioso, en donde los clubes son apenas el “peón de la huerta”.

Cualquier denuncia y/o presentación de pruebas, se debería actuar ipso facto, sin embargo, no lo hace, se evade. Entonces, la corrupción está incólume y viene curuvicando (fragmentando) al fútbol en toda su integridad deportiva. La respuesta de la gente a esta peste mortal, es la grada vacía en los estadios, el patoterismo recalcitrante y la distorsión de toda la parafernalia del espectáculo.

Ni aun así, Gianni Infantino no reacciona ni demuestra voluntad política, ningún síntoma de querer sanear-purificar-higienizar el deporte rey para conferirle atributos morales o el vigor de una competencia leal. Al final, su conducta resulta incompatible con el bien y la rectitud del deporte profesional. Gracias a una cultura milenaria, el Mundial de Fútbol Russia 2018, resultó ser una isla, un oasis en medio del desierto putrefacto.

Pero si Infantino fuera ético y moralista, ¿Por qué no lo demuestra interviniendo la CONMEBOL y la APF correlativamente? Ante la ausencia de voluntad y de gestión, acaso hay que recurrir o solicitar de nuevo a la decidida y competente labor de Lorettta Lynch para que realice ese trabajo por el bien del fútbol regional o continental.

El modelo corrupto de Joseph Blatter y João Havelange es su espejo, continuando en esa dirección, indiferente a la moralidad. Para él, el fútbol es una cuestión de mercado y negocio, por lo que busca acrecentar su demanda por el mundo para explotarlo mejor. La extrema rentabilidad es el fin y el medio para lograrlo es la compañía llamada organismo o matriz.

Además, Infantino solo piensa en sus reelecciones, reiterando la historia común de la perpetuidad opresora. Alejandro Domínguez conoce esa práctica, lo sabe y lo supo interpretar. Lo solicitará fervientemente para que así sea. También lo hará para él mismo en la CONMEBOL. Es la dictadura del continuismo y la inamovilidad.

El destape del fútbol mundial solo sirvió para cambiar de nombres y no de sistema. El stablishment es el mismo, plagado de hombres escombro, que asustado con lo que ocurrió, busca recomponer sus líneas para intentar consolidarse y seguir por tiempo indeterminado, una vez más. “Total Loretta Lynch se irá en cualquier momento”, es la teoría acuñada.

En consecuencia: hay que intervenir el fútbol paraguayo. Esto no da más. Desde la APF a todos los clubes. Un gobierno nacional diáfano y patriota, hace rato ya lo hubiera hecho. Pero la república también está en manos sucias, entonces soslaya cualquier acción correctiva o moralización. Cabría entonces, ante esta pasividad estatal, preguntarse: ¿Y porque la asociación debería ser intervenida?

La respuesta es descomunal: por ineptitud, por desinterés, por contaminación, por claquismo, por incompatibilidad, por secretismo, por cobardía, por irresponsabilidad, por lisonjera, por veleidosa, por asociación, por camaleón, por derrotista y sobre todo, por una profunda deshonestidad que se palpa a cada minuto en su accionar.

Por todos estos comportamientos practicados en su seno día y noche a espalda de la afición deportiva, deberá ser escudriñada para reorientar hacia un tiempo nuevo. Un gobierno republicano y nacionalista lo tomaría como política de gobierno de prioridad absoluta, considerando su importancia estratégica en el sentimiento y conciencia colectiva.

Existen innumerables actos que alteraron por completo su esencia como entidad madre. Este tugurio de trashumantes que se pasa calculando propósitos monetarios furtivos, debe ser removido y sustituido por hombres decorosos que lleven el fútbol en el plasma y en la epidermis, representativos del pueblo y no de élites plagadas de corruptelas caídas en paracaídas para acometer sus “golpes dorados”.

Solo así se podrá transformar el fútbol con rasgos auténticamente paraguayos y distinguidos, en donde resalte y prevalezca la identidad o la idiosincrasia. A este organismo debemos transformarlo en uno esencialmente futbolístico como lo fue desde su origen mismo.

Hoy como ayer, desde 1994 en adelante, es una entidad simplemente alterada, recaudadora y cuyos fondos son considerados por el pueblo como “dinero sin destino”, porque el caudal voluminoso supera a la prueba de los hechos. Es que el fútbol, propiamente dicho, ya no le importa a la APF, solo el comercio y los negociados.

alcandia@abc.com.py