Aunque la “lucha armada” siempre es una alternativa, esta debe ser la última eventualidad a tomar, como lo indica la lógica, el sentido común y el artículo 138 de nuestra Constitución Nacional.
Hoy, estamos ante un hecho histórico para el Paraguay, el próximo 22 de abril, la gente común, la calle, el pueblo, podrá abiertamente protagonizar su propia revolución electoral, donde con su voto podrá barrer, limpiar y sanear el espectro nacional contaminado y carcomido por la putrefacción.
Con el voto se castigará si fuere necesario y con esa sentencia del sufragio se proclamará la victoria, será la gran contribución para el cambio exitoso. Por eso, el voto por el cambio, es en sí mismo, la revolución electoral.
Y al liberar a la república de las pestes, de las alimañas y de los parásitos que están diezmando su vigor y su propia existencia, se está logrando el retorno del protagonismo y la autoridad de la ciudadanía misma.
Tarde o temprano, esa conciencia y convicción deberán imponerse al fanatismo y a la obsesión, que vienen dominando a la masa, siendo vilmente saqueada por los majaderos de la política rastrera.
El pueblo debe evaluar y percibir sobre su disponibilidad estratégica, de ese poder letal y arrollador que ostenta para un solo día, de esa omnipotencia que es superior a cualquier detonación nuclear.
De un soplo podrá con su voto eliminar a todos los males endémicos, a esas plagas roedoras y destructivas que por años vienen acechando a toda la sociedad, porque el sufragio pasó a ser la vacuna, el antídoto curativo de la afección, ese padecimiento metastásico que derrumba a la nación.
Debemos sanar al Paraguay sin quimioterapia. Ya no se trata de votar ciegamente por un color desteñido, por una doctrina incumplida y pulverizada, por una galopa desafinada, por un verso sin métrica, por un acróstico deshilachado, por un discurso chato y por muchas promesas vacías; se trata de elegir entre la gente honesta y la gente bandolera.
En este detalle está la verdadera esencia de la votación, en saber elegir, con inteligencia y con criterio ético y nacionalista. Esta es la revolución electoral del Paraguay Siglo XXI, el voto pensado, el voto productivo, el voto por la gente soñadora.
Pero, ¿Qué es la revolución electoral? Es la resuelta acción del votante para querer cambiar el sistema gangrenado por medio de su voto. Esa decisión meditada que irremediablemente llevará al cambio tan anhelado por el pueblo. El voto popular es el colador que se encargará de eliminar aquellos componentes inservibles para la patria.
La revolución electoral es el afán y el empeño expreso por modificar el statu quo vigente, esa estructura mafiosa montada para engañar y estafar. Esta revolución es el punto de inflexión, es la evolución de una comunidad; es carácter, temperamento, soberanía, independencia y emancipación.
Es el poder popular absoluto que elige y decide el sendero a peregrinar con plena autodeterminación. Y si elige mal, el pueblo está frito. Seguirá la expoliación, la esclavitud y su exclusión completa para un nulo protagonismo.
El voto es además espontaneidad analítica, decisión madurada, convicción estudiada. La revolución electoral es pacifista, lo contrario a la “revolución armada”. Por lo tanto, es la consumación -in situ- de su voluntad espontánea.
Pacíficamente, con valentía y sin temor, deben depositar su “dictamen” por aquél candidato que se entregará y trabajará por la gente y no para sí mismo o por algún clan agavillado dedicado a cometer atropellos contra el estado y la población.
Nadie más debe caer en la tentación o en el engaño de promesas irrealizables, sino, de acciones posibles en beneficio de la vecindad. Es la eterna guerra, la valiente lucha del bien contra el mal.
¡Ojo!... no sucumbir en la trampa de la venta de los votos, la cédula o la oferta para una ubicación en cargos nombrados o simplemente el ánimo de figurar en una planilla para cobrar a fin de mes sin asistir, vendiendo la conciencia, el cuerpo y el espíritu al mejor postor.
Este tipo de actos, es vagancia, atraso, estancamiento, suicidio… es política rastrera, despreciable… es la “involución electoral”, todo lo contrario a la revolución y al giro necesario para una transformación completa.
Gracias a las elecciones, al sufragio y a las papeletas, donde se marcará por el mejor candidato, el pueblo podrá cristalizar su propia revolución pacífica, sin necesidad de matar o destruir a nadie. Nuestra arma modificadora del sistema, se llama “el voto” y su disparo a ráfagas es la “voluntad popular”. El pueblo tiene “hambre de gloria” y esta es la oportunidad para llegar a la cima, a no desaprovechar. Si alguien quiere azotar, hágalo con el voto… si alguien desea patear, hágalo con el voto… si alguien ansía trompear, hágalo con el voto… si alguien aspira carajear, hágalo con el voto… si alguien piensa disparar, hágalo con el voto…
¡No hace falta desprecio, crisis ni violencia!... solo tu voto pacífico por la persona indicada, sana, confiable… esta es la revolución electoral… consumar el cambio a través del sufragio… no tires, no dilapides, no regales… tu voto vale un potosí…
Los jóvenes de la patria tienen la misión fundamental y estratégica de materializar el cambio… la “revolución pacífica”, es posible y una realidad.
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