Por eso le resulta tan difícil al próximo presidente de la República encontrar a la persona adecuada para asumir el citado cargo. El MEC es uno de los ministerios que mayor presupuesto tiene, por los miles de empleados y por las demandas de locales escolares adecuados, equipamientos de la tecnología pedagógica y la alimentación mínima de tantos niños en situación de pobreza, muchos de ellos afectados por una desnutrición crónica.
Otro problema de no menor envergadura es el análisis, el replanteamiento y la puesta en marcha de un nuevo sistema educativo en todos los niveles, debido a los escasos resultados de la gran renovación lanzada a principios de la década de los '90. En general, ese plan fracasó pues no pudo resolver la alta deserción de los escolares, la mediocre formación de los estudiantes ni tampoco la deficiente capacidad profesional de los docentes.
Nuestro nivel educativo es tan bajo que ni siquiera aparecemos en las mediciones anuales que realizan algunos organismos internacionales en cuanto a cómo están los procesos educativos en los diversos países. Simplemente, cuando se habla de calidad educativa, nosotros no existimos.
El futuro ministro de Educación no solo debe ser un profesional altamente competente en el área, sino también un hábil y tenaz negociador, porque las organizaciones sindicales de los maestros le exigirán periódicamente mejoras salariales y los popes del Ministerio de Hacienda le dirán que no hay más plata que la que figura en el presupuesto y muchas veces ni siquiera se puede disponer del cien por ciento de lo previsto. El titular del MEC es un sándwich entre los reclamos de estudiantes y docentes y las excusas y negativas de quienes manejan los fondos del fisco.
Otro frente de batalla es la relación con los gobernadores e intendentes municipales, pues son estas autoridades regionales las que reciben los fondos especiales del Fonacide para la construcción, refacción y mantenimiento de los locales escolares, así como también la provisión de los almuerzos para los estudiantes. Todos los años aparecen denuncias de que estos fondos extrapresupuestarios fueron desviados hacia otras necesidades, desaparecieron o jamás se rindieron cuentas. Esto no es culpa del ministro de Educación, pero afecta muy negativamente su trabajo y su responsabilidad.
Por todas estas razones, le debe resultar muy difícil al futuro Presidente encontrar a la persona adecuada, apta y dispuesta a ocupar el cargo de ministro de Educación. No existe el funcionario perfecto que llene todos los requisitos, pero hay dos cualidades fundamentales que sí debe poseer: conocer bien el proceso educativo y tener el firme propósito de mejorar sustancialmente nuestra desastrosa situación.
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