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16 de Mayo de 2018 14:22

 

Yvapovõ

Por Alberto Candia

El Yvapovõ es un árbol emblemático, nativo, tradicional, folklórico, robusto y paisajístico que prende espontáneamente. Su sola presencia o fisonomía, invita al transeúnte a albergarse bajo su espesura, impulsándolo al abrazo afectuoso con su tronco.

Es ampliamente utilitario: proporciona sombra, fruto, protección y cobija a los pájaros donde se anidan por doquier, es un árbol de vida prolongada. Cuando se halla en floración (blanquecina), es el alimento preferido de las abejas.

De crecimiento lento. Recién en 50 años desarrolla el diámetro del tronco entre 30 y 40 centímetros. Alcanzan una altura de 30 a 40 metros. El Yvapovõ es un antiguo residente de Asunción y sus alrededores. Guarecerse bajo su sombra significa mitigar el calor entre unos 15 y 20 grados centígrados.

Su tardanza en el crecimiento, se debe a que es un árbol diferente y longevo, vive muchos años. Cuando más viejo, su tamaño es mayor. Se ha detectado que algunos vivieron 1.000 años. Por eso representa un sacrilegio, un crimen mayúsculo contra la madre natura cuando algún depravado e inconsciente, pretende derribar un Yvapovõ.

La tala de un árbol nativo significa ocaso/decadencia/extinción. Podarlo a machetazos es verdadera amputación sin anestesia, llora desconsoladamente. Se requiere de una amplia planificación, experiencia vernácula y conocimiento científico para “peluquear” un árbol con pulcritud y sentido armónico.

Ningún permiso puede sustituir el daño a causar. Por eso, está prohibido cuando se trata de una especie en vías de desaparición como lo es el Yvapovõ. Si hay una declaración de patrimonio natural, el árbol nativo nunca podrá ser podado ni derribado, este donde este. Todo ser vivo debe adaptarse a la presencia egregia de este árbol.

El Yvapovõ tiene características generales que le distinguen entre los demás árboles. Por ejemplo, es frondoso, siempre verde y su follaje ocupa buen espacio en el lugar que crece. Es una especie tropical y en nuestro país se puede ver en forma natural en los departamentos Central, Paraguarí y Cordillera. También se adquiere de viveros como planta ornamental.

El Yvapovõ es guapo, fuerte y apechuga el rigor de la naturaleza y de la contaminada vida moderna de la especie humana. Es un árbol bastante rústico y no requiere de cuidados especiales o delicados. Está hecho para ejercer su papel de protector o centinela.

De su abundante fruto, se consume en forma natural la pulpa que es dulce-ácida y gelatinosa. Incluso se elaboran licores y mermeladas artesanales. Es muy popular entre los niños, quienes se pasan mascando entre juegos y diversiones de todo tipo.

Sobre este generoso árbol vernáculo, donde incluso los indígenas habitaban en sus frondosas copas, debemos apuntar que su floración, fructificación y cosecha suceden entre los meses de noviembre y diciembre de cada año. Hay macho y hembra, pero solo ella fructifica.

En Paraguay hay cientos de plantas y árboles exóticos como el Samu’û, el Tatarê, el Tajy, el Juasy’y, el Yvyrapytã, el Tembetary, el Karanda’y, el Guajayvi, el Ygary, el Urunde’y, el Mbokaja, el Guavira, el Inga, el Arasa y muchos otros. Hay más de 300 especies en todo el territorio nacional… Y el Yvapovõ es uno de ellos, probablemente, el más noble de todos.

Frondosos y añejos Yvapovõ abundaron en las faldas de la Avenida Eusebio Ayala (ambos lados). La mayoría fueron presas de la irracionalidad, derribadas por la insensatez del progreso (ensanche), ese supuesto avance que jamás comprendió el crecimiento o el desarrollo urbanístico en consonancia con la naturaleza.

La decrepitud de los que fungen de “autoridad” no visualiza el daño y la alteración producida, ya que su ignorancia supina lo inhibe y lo limita para dimensionar la terrible criminalidad de una existencia, una especie, una historia. En Paraguay solo se concibe el avance destruyendo y no integrando.

Recuerdo con especial devoción a los Yvapovõ ubicados en Eusebio Ayala y Mayor Bullo. Allí estuvo por mucho tiempo el Banco Holandés Unido. También el que estuvo erguido en Eusebio Ayala y 22 de Setiembre. En esa esquina estaba un solitario surtidor sobre la vereda, vendiendo lubricantes y combustibles.

Tampoco me olvido de aquél que estaba en Eusebio Ayala frente mismo al tanque de Corposana (hoy Essap). Un poco más allá, en Eusebio Ayala y Bartolomé de las Casas había otro Yvapovõ. Esa sombra se tomaba como “parada” ya que en él se aglomeraba el gentío para tomar el colectivo respectivo.

Varios Yvapovõ con historia me tocó ver, de algunos conozco su agitado mundo circundante. Paso a narrar a continuación:

1- Mariscal López y Brasil: El 05-06-1904, bajo su sombra se fundó el club Nacional de fútbol. Estudiantes del Colegio Nacional se reunieron y decidieron crear un club para jugar y recrear sus energías juveniles con un balón. Un siglo después, allá por el año 2005, un temporal derribó el árbol debido a que su tronco estaba carcomido por las termitas (kupi’i), pero increíblemente se negó a morir, de su raíz volvió a brotar un árbol nuevo. Igualmente, los nacionalófilos, previendo cualquier contingencia, plantaron a su lado otra mata.

2- Alas Paraguayas y J.B. Rivarola Mato: En 1972, la otrora Antelco (hoy Copaco) colocó bajo su sombra (por el tronco mismo) el primer teléfono público (a fichas) del Barrio Capitalizador. Fue un extraordinario progreso para el vecindario. En ese entonces se formaba fila para comunicarse y solo estaba permitido hablar 3 minutos para evitar largas esperas. Todo el mundo escuchaba la conversación, no había “secretos” de nada y el chismerío corría como reguero de pólvora. Todavía sigue en pie dicho árbol, pero aquella barriada ya está desaparecida.

3- Eusebio Ayala y 12 de Octubre: En 1985, en ese lugar estaba el Bar Juasy’y de mi abuela Carmen Romero. Había dos grandes árboles, un Juasy’y frente mismo al Bar y al cruzar la calle (sobre la otra vereda), un gigante Yvapovõ. Bajo esta sombra se cobijaban los carriteros, peregrinos y bohemios. Allí compuso su más grande obra para Arpa paraguaya Don Lorenzo Leguizamón y le puso por nombre “Yvapovõ guýpe”, dedicándole a mi abuela por su esfuerzo, paciencia y atención permanente.

4- Mariscal Estigarribia casi Calle Última: Ahora, en este 2018, uno de los últimos Yvapovõ está condenado a morir a dentelladas de filosas motosierras, simplemente porque “molesta” al Metrobús que está siendo implementado, sin importar el modo, la forma, la causa y el efecto. Este Yvapovõ conocido como el “árbol que habla”, fue utilizado por el catalán Esteban Estragó Trías para llamar e informar a la comunidad sobre las noticias de la Guerra del Chaco. En el colocaba un parlante accionado por un amplificador y la gente se agrupaba para seguir las informaciones detalladas de la contienda. Cumplió un rol comunitario clave, en un momento histórico difícil de nuestra patria.

Finalmente, la figura y el enorme archivo temporal que representa el Yvapovõ, hace que sea caro a los afectos del paraguayo. Por eso se bautiza con esta denominación a un montón de lugares, zonas y regiones de la patria. Así tenemos canciones, cooperativas, clubes, calles, plazas y ciudades que llevan su nombre. Estas líneas no es más que un amplio reconocimiento de cualquier poblador paraguayo a esta distinguida especie. 

alcandia@abc.com.py

 
 

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