Ahí viene un motochorro, ¿qué hago?, ¿a quién le pido ayuda?

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Son muchos los casos de motochorros que atemorizan a los ciudadanos que transitan por las calles. La Policía brilla por su ausencia y las personas quieren tomar la justicia por manos propias, pero responder con más violencia no es la mejor opción.

Durante estos días, la ciudadanía se vio atemorizada ante los numerosos casos de motochorros que han atacado sin piedad a algunas personas. Dos de las historias más graves fueron la de un joven de Villa Elisa a quien balearon para sacarle el celular y ahora mejora de a poco, mientras que a otro muchacho de Asunción le amputaron una pierna a causa de la herida que le infligieron los asaltantes.

Estos son solo dos de la gran cantidad de hechos delictivos que se registran día a día en nuestro país. No importa la hora o el lugar, los motoasaltantes están en todas partes y, cuando menos te lo esperás, te meten plomo para sacarte el celular.

Escuchar estas noticias siembra un gran miedo en las personas, quienes se sienten dudosas hasta de su propia sombra. No es para menos, pues la seguridad en nuestro país es tan ineficiente que no hay manera de decir: “La Policía va a aparecer y todo se va a solucionar”. No, los uniformados ya nos han dejado en claro que cuando los necesitamos no están.

La ciudadanía se siente tan impotente e indignada que la idea de hacer justicia por manos propias ya ha circulado a través de las redes sociales. En un primer momento, esta parece la mejor solución para protegernos; sin embargo, volver a la época del “ojo por ojo, diente por diente” sería convertirnos en delincuentes también, perder el respeto por la vida humana y violar por completo los valores que nos han inculcado.

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La proliferación de los tan temidos motochorros se debe a varios factores; en primer lugar, la pobreza, que obliga a estas personas a ir en contra de la ley y la seguridad de la gente para conseguir lo que necesitan; en segundo lugar, la falta de educación en valores, por lo que no les tiembla la mano al momento de apretar el gatillo. Por último, están los policías que brillan por su ausencia y no velan por el bienestar de los individuos, así como el sistema de justicia que nunca castiga a los maleantes, a pesar de que tienen las evidencias del delito frente a sus ojos.

Los asaltantes no tienen justificación alguna para los hechos que cometen, pues causan muchos perjuicios a personas inocentes. Solo pensemos en el sufrimiento por el que ha de estar pasando el muchacho que acaba de perder una pierna o el miedo que embargó a los familiares del joven baleado, quien estuvo a punto de morir. En la actualidad, cualquier ciudadano se siente con un miedo enorme de salir a la calle y escuchar que se acerca una moto con su roncador a todo volumen.

Es triste pensar que vamos de mal en peor con el tema de la inseguridad de nuestro país, pero tampoco podemos considerar la opción de tomar la justicia en nuestras manos. Responder con violencia solo generará más caos. Ojalá las autoridades reciban el toque de alguna varita mágica y se vuelvan más eficientes al momento de defender a los inocentes, a fin de castigar a los verdaderos delincuentes y asesinos.

Por Viviana Cáceres (18 años)