La venta de rifas para sortear una oveja, organizada por agentes de la comisaría 3ª de Horqueta, dio mucho de qué hablar en las redes sociales. El comisario fue depuesto y expresó que llegaron a ese punto solo para tener reparado el móvil lo antes posible, pues es necesario para ir a las zonas rurales.
Sus superiores no dudaron en sacarlo del puesto porque "no es el procedimiento adecuado para estos casos". Entonces... esta decisión hace que nos preguntemos si es correcto que las personas con iniciativa de solución sean castigadas.
La respuesta que da el Gobierno ante este tipo de problemas, muchas veces, es lenta o, incluso, nula. Además, las precariedades existentes en nuestro país, cada día, van aumentando.
No hace falta ir demasiado lejos para notar las carencias, ya que si pedís a un policía que haga un patrullaje por tu barrio, mínimo debés bancarle combustible para que pueda realizar su labor. En otro plano, al ir a un centro médico, debés averiguar si las máquinas que necesitás funcionan debidamente para poder sentarte a esperar un buen rato hasta que te atiendan.
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Hospitales con ambulancias abandonadas por falta de mantenimiento, comisarías sin equipo logístico, escuelas a punto de caer, sin sillas ni mesas, constituyen la cruda realidad. No obstante, los despilfarros de dinero son la otra cara de la moneda. Personas que ganan sueldazos por ir a cumplir horario, mientras que, en otros lugares, las personas deben hacer “vaquita” para dar solución a un problema.
Lo concreto es que este comisario desnudó la inoperancia de sus superiores que, prácticamente, tienen abandonados a su suerte a los uniformados. Este individuo, quizá sin querer, deja al descubierto a los ojos del pueblo la ineficacia a la hora de servir a la ciudadanía.
Finalmente, la patrullera fue trasladada hasta el taller de policía en Concepción en donde, supuestamente, se reparará. Lástima que el comisario quedó sin su puesto de trabajo, las personas que adquirieron las rifas sin posiblidad de ganar el premio y la pobre ovejita, sin nuevo dueño.
Por Rocío Ríos (18 años)
