“Noticia del momento”: En Japón se implementará un nuevo programa educativo llamado cambio valiente, en el que se pretende formar a los niños como ciudadanos del mundo. Este nuevo salto académico consiste en un estudio con cero patriotismo, materias de relleno y ninguna tarea. Esta es una de las tantas informaciones manipuladas que tienen como objetivo crear polémica o afectar a terceros, es decir, ¡falsa publicidad!
Ahora, no sorprende que un país asiático tenga un nivel de avance e, incluso, se supere a sí mismo; sin embargo, todo lo dicho anteriormente es una simple historia de fantasía vendida a través del “maravilloso” mundo del Internet. La falacia mencionada no quita el crédito a Japón de ser un gran inversor en el área educativa, con jóvenes capaces y mucho potencial en general. En este caso, lo cuestionable es la errada información que recorre cada aparato celular, siendo compartida sin cuestionamientos por los internautas, quienes ni se preguntan la veracidad de la noticia.
Lastimosamente, la falta de duda ante el mínimo material que cae en el poder de las personas es una realidad que resalta la ingenuidad y la poca preocupación de quienes comparten los materiales falsos. Por otro lado, la tecnología genera infinitas ventajas y, hoy en día, es imposible vislumbrar un centro educativo sin computadoras o trabajos no adaptados a esta herramienta.
Asimismo, la inevitable modalidad de las redes sociales trae consigo algunos malos ratos como informaciones personales manipuladas o, lo más básico, noticias inventadas. Entonces, quizás, somos seres tan avanzados pero, aun así, nuestras propias creaciones tienden a jugarnos algunas trampas.
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Claro es el ejemplo en el que se volvió viral un examen del Colegio Nacional de Buenos Aires resuelto en lenguaje inclusivo y que luego fue reprobado por esa causa, generando un montón de burlas ante dicha prueba, pero terminó siendo desmentido por el rector de la institución. Dentro de poco, no te sorprendas si encontrás la primicia de un Gabriel García Márquez resucitado y publicando un libro sobre las particularidades del más allá; incluso se podría degenerar más la situación con la credulidad de varios internautas.
La culpa no la tiene Internet, sino el escaso conocimiento mundano o el mal manejo de datos y, en este punto, uno dirá: ¿en qué me afectan estas noticias falsas y que las compartan tantas veces? Es completamente cierto, pero contrariando ese indiferente y apático comentario, no resulta agradable vivir en un mundo en donde, por culpa de las noticias falsas, los necios puedan llegar a creer que la capital de los Estados Unidos es Nueva York o que Paraguay mejoró maravillosamente en el plano educativo.
Por Macarena Duarte (16 años)
