La situación en la cual se encuentran los bañadenses es de gran preocupación, pero solo para una parte de la ciudadanía. Existen varias causas profundas del porqué están así y una de las menos conocidas es porque la mayoría de las personas son indiferentes con las miles de familias que se encuentran damnificadas, desamparadas, en un estado de abandono, incluso a la intemperie.
“Ellos están ahí porque quieren”, “la mayoría luego se dedica a robar”, “eso hacen para no pagar luz y agua nomás”, son algunas de las tantas críticas que hacen algunas personas en contra de la gran masa asentada en las plazas y avenidas de la ciudad. Tienen que soportar todo tipo de opiniones negativas que muchos hacen en su contra, así como también están los que pasan frente a ellos con miradas de desprecio o absoluta falta de interés.
Esta indiferencia no solo viene de la ciudadanía común, ya que también están los “loritos” del Congreso Nacional con el dinero que les satisface en cuanto les convenga. A ellos no les importa un pito el estado de los damnificados, porque solo piensan de forma egoísta en su bienestar personal.
Los parlamentarios formulan muchas promesas durante la campaña proselitista, dicen que van a ayudar a los necesitados, pero una vez que ocupan el puesto se dedican a rellenar sus bolsillos con la plata del pueblo, mientras en las calles abundan los pobres buscando sobrevivir. Entonces, las drogas, la delincuencia y la mendicidad ¿son la inevitable opción para la supervivencia? Si se trata del país en donde vivimos, la respuesta es sí.
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Pensar en la realidad que viven nuestros compatriotas damnificados, sentirse parte de la triste situación por la que pasan y las carencias que sufren son buenas reflexiones del porqué los mismos están así. Dejar de lado la arrogancia, el orgullo y el egoísmo serían los primeros pasos a seguir para así llegar a entender que nosotros mismos causamos o llevamos a cabo esta situación de pobreza.
Empezá a actuar como la persona que quisieras ser cuando decís: “Si yo tuviera plata, iba a...” y dejá de tirar críticas que no van a solucionar absolutamente nada; andá a donar ropas, frazadas y comida. Tratale al que más necesita de la misma forma que valorás a tu madre, organizá algo con los perros y compañeras del colegio o facultad para hacer un recorrido por la zona de los afectados y entregar en donación lo que puedas, ya sean abrigos, juguetes o alimentos no perecederos.
Ahora que los jóvenes son los principales protagonistas del cambio, del verdadero cambio en nuestro país, porque están levantando la mirada de todo un pueblo que se encuentra indignado por la corrupción, es también momento de que se pongan en el lugar de aquellos olvidados por la sociedad y vean qué les hace falta, preguntarse por qué se repite en cada temporada la misma situación, ¿por qué están así?, ¿cómo podríamos ayudar a revertir el problema? La idea es que no dejen de lado a quienes merecen el mismo respeto y atención que los ciudadanos en general.
Por Luis Jiménez (19 años)
