Creer que todas las personas que llevan piercing o grabados en la piel son delincuentes y están perdidas en las drogas es tan erróneo como decir que los que andan vestidos de traje son hombres intachables que colaboran con el bien de la ciudadanía.
Es lamentable que este tipo de pensamiento aún siga arraigado, puesto que no se puede definir a una persona como buena o mala por la forma en que viste o por el simple hecho de tener dibujos en la piel. En la homilía del viernes pasado en Caacupé, un obispo expresó que los jóvenes tatuados poseen un alma vacía, situación que desató una lluvia de comentarios en las redes sociales.
Cada joven es libre de hacer por su cuerpo lo que desea, ya que es suyo. Nadie tiene el derecho de decidir por otros. Además, tanto vos como yo vamos forjando nuestro camino en la vida, entonces, la forma de ser, pensar y actuar no se define por cómo lucís.
Juzgar a los jóvenes por llevar unos dibujos en la piel es un acto de personas con la mente cerrada. Si alguien decide hacerse un tatuaje, tendrá sus razones válidas. No se debería marginar a ningún chico por exhibir la figura de la Virgen, una fecha, un rostro o rosario en la piel.
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Para calificar a un adolescente, el primer paso debería ser conocerlo, pues quizás el tipo a quien marcaste de vago por usar los pantalones flojos resulte ser el más buena onda del mundo.
Basta de creer que los que aparentan buena presencia son el modelo ideal a seguir; no olvidemos que el lobo, en un momento dado, se vistió de cordero para llegar a un objetivo. Es una pena que algunas personas estén más pendientes por la apariencia que por las cualidades que uno lleva dentro.
El aspecto no debería ser lo más importante para definir a un individuo. Si te parecen detestables los grabados en la piel, ¿qué opinás acerca de tener el corazón tatuado de maldad, envidia y mucha mala onda?
Por Rocío Ríos (18 años)
