El mundo está al revés: lo malo es normal y las ovejas negras hacen el bien

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Tocar el timbre desesperadamente aunque aún no llegues a la parada y tirar tus basuras a la calle son acciones incorrectas que muchos normalizan. En el mundo del revés, parece que los que invitan a actuar educadamente son las ovejas negras y “metiches”.

Un pasajero toca el timbre a cada segundo, provocando punzadas en los oídos de las demás personas, y al alboroto se suman unos gritos que aclaman “epytana ko'ape chofer”. Al llegar a la parada, el conductor por fin abre las puertas y, desde su asiento, pide amablemente que aquellos que desean bajarse aguarden hasta llegar al lugar establecido.

Parece que las paradas obligatorias no tienen importancia para el viajero apurado y, al oír el pedido del chofer, los pasajeros comienzan con las quejas y las múltiples amenazas porque afirman que el bus debe parar donde ellos desean. De esta manera, es posible ver que la sociedad ha normalizado lo incorrecto, criticando a aquellas personas que intentan corregir los malos hábitos de la gente.

Desde tiempos inmemorables, es habitual ver personas que tiran servilletas, botellas o latas a la calle para engrosar la grotesca y sucia vestimenta de la vía pública. Sin embargo, cuando una persona más sensata pide que las basuras sean guardadas en las mochilas, para no ensuciar la ciudad, no faltan los comentarios de “¿quién sos vos para decirme eso?” o “no te metas en mi vida”.

Muchas personas toman a pecho las llamadas de atención, que buscan corregir un comportamiento, pues piensan que las mismas representan una manera de hacer sentir inferiores a los demás.

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Cuando las personas normalizan las acciones de falta de educación, no tienen en cuenta la idea de que los llamados de atención pueden repercutir positivamente en la sociedad o en el ambiente. Negarse a las correcciones es una de las penosas características de muchos compatriotas, ya que aún son muchas las personas que no están interesadas en salir de su mal estilo de vida. No obstante, con pequeños pasos se emprenden largos recorridos y, aunque permanecer en la línea torcida dependa de cada uno de los ciudadanos, unos cuantos pueden hacer el cambio.

Otro ejemplo de que las personas no están acostumbradas a hacer las cosas correctamente es la bisicenda de Iturbe pues, a pesar de las múltiples quejas, uno todavía encuentra automóviles estacionados en este lugar, obstruyendo el paso de los biciclos.

Tal vez, soñar con utopías es un primer gran paso para comenzar a abrir los ojos de quienes se empeñan en seguir ciegos. Así pues, aunque pienses que estás gastando saliva, si intentaste que alguien haga lo correcto, ya contribuiste con algo. Si nadie se queja, nuestro país nunca dejará de tener pasajeros groseros, peatones carentes de conciencia ambiental o bicisendas obstruidas.

Convertirte en un “metiche” por pedirle a la gente que se comporte de manera civilizada es lo último que debe importarte, ya que cuando decís a alguien que sus acciones pueden afectar, de menor o mayor manera, a las otras personas, tus intenciones son las mejores. Incluso, debe enorgullecerte ser una oveja negra en una sociedad que está de cabeza.

Por Belén Cuevas (17 años)