Encarcelados por la tecnología y el consumismo

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Ser apreciado, hoy, demanda ir a los shoppings en busca de prendas finas y calzados de marcas prestigiosas. Ya no sirve eso de comprar ropas y hacer creer que son originales, cuando en verdad son del mercado; aceptate como sos y no imites a famosos.

Estamos sumergidos cada vez más en los nuevos inventos y en los avances de la tecnología, cuya velocidad hace que la información sea instantánea, pero, minutos luego de ser divulgada, ya es vieja. Con los mensajitos de WhatsApp ya se sustituye el encuentro cara a cara con tu jegustaha; mucho más romántico es mandar una música o video y escribir unas cuantas palabras dulces que conmuevan a tu enamorado.

Nike, Adidas, Abercrombie y Aéropostale son las marcas que comúnmente vemos, hasta parecen tatuajes aferrados a nosotros; con esto deseamos pertenecer a la sociedad actual, es decir, encajar en ella, mientras las empresas siguen vendiendo. Lucimos indumentarias para asemejarnos a quienes admiramos, con extravagantes cortes de un simple retazo de tela.

Si nos ponemos a pensar, lo primero que hacemos al subir a un colectivo, antes de sentarnos y acomodarnos, es ver nuestro celular; caminamos por las calles manteniendo la cabeza agachada, como si el aparato telefónico fuese un guía. Antes, cuando íbamos al baño, nos entreteníamos leyendo las instrucciones de uso de cualquier producto que encontrábamos; sin embargo, actualmente adivinen qué hacemos...

Participamos en el mundo utilizando la tecla “enter” con la que aceptamos y rechazamos opciones que pueden interesarnos o no, devoramos mucha información pero la analizamos escasamente, somos críticos sin fundamentos. Pensamos en tener todo al instante, comprar lo último de la moda, mostrar nuestros momentos más sentimentales y emocionales en las redes sociales.

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Subimos fotos al Instagram, con poses y muecas que transmiten alegría, felicidad y bienestar; sin embargo, le ponemos “filtros” a la impotencia y remordimiento que escondemos adentro. Nuestro espejo es una pantalla de cinco pulgadas en la cual nos miramos y reflejamos en Facebook lo que queremos ser.

Si no tenés un Samsung o Iphone de última generación, entonces no sos parte del grupito de la chetada del colegio. Estar a la altura de los demás, hoy, es poseer algún accesorio que la mayoría desea, lo que acaba de salir y muchos aún no han adquirido.

Si reflexionemos por un momento sobre lo que sucede a nuestro alrededor, quizás nos demos cuenta de los cambios positivos y negativos que acontecen en la sociedad. La velocidad a la que todo crece, se desarrolla y finalmente se transforma es imperceptible, pues sucede de tal forma que, de un día para otro, no existimos si no nos “actualizamos” constantemente.

Por Luis Jiménez (19 años)