Entre fotos íntimas y chistes obscenos, el acoso sexual contamina nuestras aulas

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Fotos íntimas tomadas por debajo de las faldas, comentarios obscenos y bromas sexistas son actitudes socialmente normalizadas que muchas estudiantes deben soportar día a día. ¿Adónde pueden recurrir las alumnas, si hasta en el colegio son hostigadas?

Ocultos bajo las escaleras o acostados en el piso, con una actitud acechante, algunos alumnos del colegio católico Cristo Rey tomaban fotos por debajo del uniforme de sus compañeras para subirlas a una nube de Google Drive y compartirlas con sus amigos. Por este motivo, las estudiantes de la mencionada institución decidieron denunciar públicamente un hostigamiento que vienen sufriendo desde hace dos años.

Para decir “basta” a esta situación y brindar apoyo a los valientes reclamos, las redes sociales juegan un papel fundamental. A raíz de las denuncias realizadas por las estudiantes del Cristo Rey, la cuenta de Instagram Colegios Libres de Acoso sirve para hacer visibles los testimonios de jóvenes que, en distintos centros educativos, han sufrido hostigamiento sexual de parte de sus compañeros o, incluso, de los docentes.

Ahora, hay una piedra en el zapato de quienes buscan el fin del hostigamiento: la lamentable tendencia a señalar con el dedo a las denunciantes y etiquetarlas como “fanáticas y exageradas”. Pese a cualquier comentario, el acoso en los colegios no es una cuestión reciente y, menos aún, inventada, pues los hechos hablan por sí solos; tal es el caso del docente Juan Ortega, de Coronel Oviedo, que fue separado de las aulas, en mayo pasado, debido a que ofreció dinero a una alumna a cambio de “su primera vez”.

Teniendo en cuenta lo mencionado, los docentes tampoco escapan de la problemática, ya que muchos emiten frases fuera de tono durante sus cátedras como, por ejemplo, “a más de uno le gustaría haber sobrevivido a la Guerra Grande para 'reconstruir' el país; los varones me entienden”. Aunque estos “chistes” parecen inofensivos y muchos estudiantes los celebran, tal vez, su única función es instalar en la mente de los jóvenes un frágil concepto de lo que implica el respeto, incrustando la idea de que el acoso es normal.

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Al hostigamiento, los chistes sexistas entre compañeros y los comentarios denigrantes, se suma el hecho de que los mismos adultos minimicen tales comportamientos y los cataloguen como “cosas de jóvenes”. A la par, las indicaciones de gran parte de los docentes están orientadas a que las estudiantes “deben cuidarse”; quizás, los profesores olvidan que, en verdad, el respeto hacia la dignidad de las personas constituye la única manera de erradicar estas situaciones de acoso.

Así que, estudiante, si sufrís hostigamiento, comenzar a exigir respeto y conocer tus derechos son grandes pasos hacia un futuro libre de la presión que hoy sentís. Finalmente, vos, que presenciás el acoso y no hacés nada, empezá a defender a las afectadas y dejá la complicidad del silencio en el basurero porque, tal como decía uno de los carteles colgados en el Cristo Rey, “no hay excusa para encubrir al que abusa”.

Por Belén Cuevas (17 años)