Maximiliano y Lucas son jóvenes que decidieron entregar su vida a Dios desde temprana edad. Los mismos forman parte de la asociación de derecho pontificio Heraldos del Evangelio y hace varios años decidieron abrazar la vocación religiosa.
“Mi primer contacto con los Heraldos del Evangelio fue en el 2001, pero fui participando de forma más activa en el 2005 e ingresé al colegio en el 2007, estaba en séptimo grado”, recuerda Maximiliano. Por su parte, Lucas conoció la sede en un té organizado por los miembros de la congregación e ingresó al centro educativo en 2009, cuando cursaba también el séptimo grado.
A la hora de informar a sus familias el deseo de llevar una vida religiosa, los jóvenes tuvieron reacciones distintas por parte de sus seres queridos. Maximiliano recibió el apoyo de sus padres desde el primer momento: “La Virgen ya los iba preparando para lo que podía suceder; al momento de hablarles, me dijeron que, si esa era mi vocación, estarían a mi lado dándome fuerzas”, explica.
En el caso de Lucas, al principio, sus padres no comprendían el alcance de esa decisión. “Con el tiempo, viendo la autenticidad de la vocación y cómo iba progresando, me acompañaron y hasta hoy día me están apoyando”, relata.
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Separarse del seno familiar resulta uno de los momentos más complicados. “Es difícil porque nos criamos con nuestros padres, pero cuando Dios nos llama se conceden gracias especiales tanto para la persona con vocación como para su familia que logra entender este llamado; eso facilita mucho”, comenta Maximiliano. Lucas agrega que, a pesar de estar alejados de sus seres queridos, se siente más la unión.
Igualmente, explican que el carisma de los Heraldos se ve reflejado en sus construcciones, liturgias, músicas y costumbres, pues quieren llegar a Dios por medio de las criaturas. “Para nuestro tiempo, la voz del Señor va en el sentido de evangelizar a través de la belleza. El mundo luce sin esperanza, mucha gente joven no tiene rumbo y nosotros lo sentimos; por medio del esplendor, Dios genera esa gracia de atracción”, detalla Lucas.
Cuentan que realizan presentaciones con jóvenes, visitando colegios con el coro y la orquesta; también organizan actividades físicas, artísticas y espirituales los sábados en la casa de los Heraldos. Asimismo, poseen su propio conservatorio donde los participantes tienen clases tanto teóricas como instrumentales. “Cada uno tiene un dote especial que debe florecer. La música les gusta mucho a los chicos y de esta manera evangelizamos, por eso tendremos un concierto en el Banco Central el próximo 14 de noviembre”, explica Maximiliano.
“Muchas veces, el joven del mundo moderno se puede sentir desorientado, mareado, pues como hay tantas facilidades de seguir el mal camino, uno se desanima pensando en por qué ser diferente. Hay que tener esperanza y confianza en que no todo está perdido, Dios no abandonó el mundo. Vale la pena practicar la virtud y los mandamientos”, finaliza Lucas.
Por Divina Alarcón (18 años)
