Mucha gente cree que es muy fácil ser guardia de seguridad porque solo es cuestión de aguantar las ganas de dormir o estar en vigilia durante varias horas. Sin embargo, esta profesión es una de las más complejas y peligrosas, ya que nadie sabe qué puede pasar durante todo el tiempo de custodia.
Ser guardia de seguridad no solo se trata de pararse durante varias horas controlando quiénes ingresan en el lugar designado. Por más que cualquiera pueda conseguir este trabajo, es recomendable que el vigilante tenga un cierto entrenamiento físico y psicológico, ya que debe ser capaz de resolver algunas situaciones en base a su sentido común.
Así también, en el caso de enfrentarse con algún ladrón, a pesar de que no le esté permitido, debe saber qué acciones tomar. Un error puede llevar a la cárcel al vigilante, por más que el mismo solo actúe en defensa propia.
Una de las cosas esenciales de este oficio es la lealtad, ya que el trabajo de un guardia de seguridad implica seguir las órdenes de quien lo contrata. Asimismo, debe realizar todas las acciones que pida su jefe, no importa si tiene que actuar en contra de su voluntad. Algunos , incluso, hasta dan la vida por sus patrones.
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Quizás, lo más importante cuando hablamos de trabajo sea el sueldo. Además de los peligros físicos y emocionales a los cuales se arriesga un vigilante, este debe sumarle a sus problemas el poco dinero que gana; ya que, en nuestro país, es uno de los oficios muy mal remunerados.
La mayoría se introduce a este trabajo por necesidad y no por gusto, sustituyendo el miedo por coraje, valentía y un par de valores más, que le permiten mantener económicamente a su familia. Por eso, es un error creer que ser guardia es tan sencillo y que solo se trata de aguantar las largas horas de vigilancia y las ganas de dormir.
Por Joaquín Tandé (18 años)
