La Iglesia y el Estado deben ser un asunto separado

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A pesar de que en la Constitución Nacional se menciona que la relación entre el Estado y la Iglesia es independiente, algunas autoridades no tienen problema en cuasi fusionar a estas instituciones. Ya es momento de que los lazos se rompan para siempre.

Hace una semana, el ministro de la Juventud, Felipe Salomón, subió una foto a la red social Twitter de la madre milagrosa acompañada de la siguiente descripción: “Desde hoy la virgencita de Caacupé nos acompaña en la Secretaría Nacional de la Juventud.”

En consecuencia, muchos jóvenes expresaron su descontento a través de numerosos tweets manifestando que vivimos en un país laico y que el ministro no tiene ningún derecho de imponer su religión católica a las demás personas.

También mencionaban que ya es suficiente tener a un teólogo como ministro de Obras Públicas y encontrarse con el retrato de la virgen en una oficina estatal, que pertenece a todos los jóvenes, es un “zafarrancho institucional”.

Algunos usuarios de la red social también cuestionan al titular del Ministerio de la Juventud qué tiene que ver la imagen venerada por los católicos con cuestiones políticas y, además, le recuerdan que existen más de 12.000 jóvenes de 13 a 17 años que dejan sus estudios para trabajar, según la Encuesta Permanente de Hogares de 2017, y que ellos deberían ser la prioridad del nuevo ministro Salomón.

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Ciertos jóvenes preferían citar directamente el artículo 24 de la Carta Magna que garantiza la libertad de culto y de religión. De igual manera, mencionaban que como titular de la cartera iba a tener problemas, pues no todos los jóvenes son católicos y que, primero, el ministro debe ser totalmente neutral para ejercer sus funciones.

No es la primera vez que el Estado y la Iglesia se ven involucrados durante diferentes procesos históricos, los mismos se encuentran vinculados es una relación bastante cercana desde que el mundo es mundo. La Iglesia siempre ha tenido mucha influencia sobre las decisiones tomadas por los gobernantes y hasta impulsaron guerras santas con objetivos religiosos y políticos.

En Salto del Guairá, tan solo en el mes de julio había salido a la luz el caso de una licitación pública para la construcción de una sede de la Iglesia Centro Familiar de Adoración, con dinero estatal de 157 millones de guaraníes. Incluso el expresidente de la República, Horacio Cartes, había asistido a la inauguración de una parroquia en el barrio San Francisco en Zaballos Cue.

Si bien en la Carta Magna también se expresa que las relaciones del Estado con la Iglesia se basan en “independencia, cooperación y autonomía”, ya es momento de que los lazos se rompan definitivamente. Los fondos públicos deberían ir dirigidos a las escuelas, centros de salud y a programas que mejoren la calidad de vida de todos los paraguayos. Iglesia y Estado, asunto separado, ¡YA!

Por Fiona Aquino (18 años)