La lámpara de Aladdín no realizará tus sueños, sí lo hará tu propio esfuerzo

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Pedir deseos a una estrella fugaz o poner alarmas a las 11:11 para comentarle al cosmos tus anhelos no son las catapultas al éxito. Si querés cumplir tus sueños, debés comenzar a trabajar por ellos y dejar de esperar cosas de la suerte o del destino.

A veces, las personas creen que desear algo con todo el corazón es lo esencial para que un anhelo se cumpla; este pensamiento suele ser aplicado a cualquier ámbito de la vida como los estudios, el trabajo o las relaciones amorosas. De esta manera, algunos se abrazan a sus metas cómodamente, esperando alcanzarlas sin mayores esfuerzos.

La ley de atracción sostiene que los deseos influyen positivamente en la vida de las personas y que solo es necesario anhelar algo para realizarlo. Esta idea sugiere que para alcanzar un aumento salarial, por ejemplo, el interesado debe direccionar sus pensamientos a ese fin y, simplemente, sucederá.

¿Acaso el genio de la lámpara en verdad existe y tiene como función hacer realidad los sueños cuando ve que alguien los espera con ansias? No existe ninguna fuerza mágica que se dedique exclusivamente a otorgar bendiciones, pues lo que en verdad se necesita para alcanzar algo es salir de la zona de confort, esforzarte y esquivar los baches que puedan aparecer en el camino.

Aunque alguien desee mover una piedra con la mente y piense en ello con insistencia, la sola idea no es capaz de lograr tal cosa. La única opción razonable sería que la persona se levante e intente que la roca cambie de lugar, utilizando las manos; es decir, recurriendo a opciones reales y efectivas.

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La famosa frase “querer es poder” tiene su parte de razón, ya que el anhelo de realizar algo puede alimentar tus ganas de superación y animarte a doblar esfuerzos. Sin embargo, cuando un soñador maneja su vida solo bajo esta máxima quedará decepcionado en algún momento.

Uno puede pedir deseos a las 11:11 y anhelar con todas sus fuerzas que el profesor de física califique con una nota perfecta su examen, pero, si no existe un estudio previo de por medio, el peor puntaje es el que espera. En el mundo real, no hay genios que ayuden a un alumno flojo y dicten las respuestas de su examen, pues la confianza en las capacidades de uno mismo y la dedicación son las únicas varitas que ayudarán a conseguir el resultado tan ansiado.

Aunque suene desalentador oír que el universo no conspira a favor de nadie, la realidad puede ser más satisfactoria. Cuando veas lo que tu esfuerzo consigue, no tendrás que agradecer a un reloj o a algún objeto “mágico”, sino que el éxito será exclusivamente atribuido a tu capacidad. Tal vez, querer no es sinónimo de poder, pero esforzarse sí.

Por Belén Cuevas (17 años)