El sonido de las gotas en el techo, el calor de las frazadas y una taza de cocido caliente convierten a la lluvia en una placentera oportunidad para disfrutar la tranquilidad de la cama. Sin embargo, cuando debés levantarte a las 5:00 de la mañana y las nubes negras se asoman, imágenes de las consecuencias negativas y desagradables aparecen en tu mente.
Las secuelas que ocasiona un temporal van más allá de las goteras dentro de la sala, ya que abandonar el hogar representa toda una odisea. Aunque la lluvia no sea intensa, el tránsito vehicular sufre graves consecuencias, pues los conductores deben lidiar con la visión borrosa del parabrisas y el peligro inminente de arruinar alguna parte del automóvil con los raudales.
Por otra parte, con la intensa lluvia, un viaje “cortito” de 20 minutos puede convertirse en un trayecto de una hora. Igualmente, si uno vive lejos, tal vez, resignarse a llegar a su destino al día siguiente es lo único que queda por hacer.
Hay muchas calles que se encuentran en pésimo estado, ya sea por los enormes baches o por las alcantarillas tapadas; al momento de cruzar uno de estos caminos asfaltados, existe el agravante de que la fuerza del raudal puede llevarte consigo. Ni siquiera los vehículos se encuentran a salvo de las implacables corrientes, pues cada vez que llueve, se reportan casos de biciclos y automóviles arrastrados por las aguas.
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Si bien los baches constituyen un gran obstáculo durante todo el año, cuando hay tormentas, el perjuicio de los socavones aumenta. Asimismo, la semana pasada se viralizó el video de un automovilista que, luego de haber caído a un cráter de San Lorenzo, se había metido casi completamente en el hoyo, en busca de su gato hidráulico.
Tras las torrenciales lluvias de las últimas semanas, las calles de Asunción, San Lorenzo y otras ciudades empeoraron su ya deplorable estado pues, al cesar los raudales, quedan a la vista las lagunas que se formaron dentro de las roturas del pavimento.
Ante estas consecuencias negativas y los obstáculos que te impiden continuar con tu rutina diaria, ¿te sigue pareciendo tan pacífica y romántica la lluvia?
Por Belén Cuevas (17 años)
