"¡Qué verguenza!, el pueblo tiene que levantarse y expulsar a estos ladrones", es uno de los tantos posts que saltan en nuestro inicio de Facebook cuando se da a conocer una lista nueva de planilleros estatales. La cantidad de usuarios que publican un rosario de palabras demostrando su indignación ante hechos de corrupción se acrecienta tanto que te hace pensar que el pueblo ya no permitirá que los actos deshonestos terminen en el famoso oparei.
Saber que otros ciudadanos alzan la voz en contra de los abusos de poder parece tan genial y favorable al bien común pues, de esta manera, podremos dar a conocer a las autoridades nuestro rechazo y desaprobación a la forma en que gobiernan el país. Además, al reclamar a las personas que quebrantan la ley para obtener beneficios personales, el pueblo mete presión a los dirigentes para que los mismos hagan un buen trabajo.
Pero, ¿qué ocurre cuando se hace la convocatoria para una movilización? Tal parece que, en algunos casos, la rabia y el repudio quedan solamente plasmados en las redes sociales, ya que al comparar la cantidad de personas que acuden a las protestas con el número de likes y "me enfada" del post, se puede concluir que son muchos los ciudadanos que prefieren quedarse en la comodidad de sus casas, viendo la tele y quejándose en Facebook.
Demostrar nuestra disconformidad ante sucesos de soborno o denunciar hechos de corrupción en nuestras distintas redes sociales es útil y oportuno, pero sería más conveniente dar un seguimiento a estos casos y salir a las calles cuando se convoca a una protesta. Responder al "¿qué estás pensando?" de Facebook con la rabia que surge por la mala administración política, pero quedarse bajo el aire acondicionado no es la receta más eficaz para mejorar nuestra situación.
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No creas que los ladrones que se encuentran en entes públicos van a parar de llenarse los bolsillos con la plata del pueblo porque vieron tu publicación llena de ira, palabras en mayúsculas y signos de exclamación. Salir a las calles a llenarse los pies de polvo y sufrir el calor sofocante serían los pasos a seguir para pelear contra tanta corrupción y poder construir un país mejor para las generaciones futuras.
Por Rocío Ríos (18 años)
