El simple acto cotidiano de esperar el micro todos los días cerca de tu casa puede llevarte a una tragedia por culpa de la incesante inseguridad que aqueja constantemente a nuestra sociedad. Ahora, ir al cine con tus amigos o caminar unas cuatro cuadras hasta tu vivienda es muy peligroso, ya que unos motochorros pueden robarte hasta el pasaje para el colectivo o, incluso, dispararte si realizás un movimiento dudoso.
La inseguridad no se reduce solamente a esas horas en las que no sabés dónde guardar tu celular para no llamar la atención de los asaltantes, pues la problemática alcanza irónicamente hasta a los muertos. En estos días, ocurrieron peculiares casos de robo en el Cementerio del Este: los vidrios de varios panteones estaban rotos, los ataúdes abiertos y lo más llamativo es que los huesos de los difuntos habían desaparecido.
Asimismo, en junio del año pasado, también en el Cementerio del Este, una mujer denunció no solo la desaparición de los huesos de su hermano, sino también de su ataúd. Otras personas habían denunciado la misma situación desvergonzada y penosa explicando que el lugar es muy concurrido por drogadictos, quienes buscan cosas de valor para luego revenderlas, pero, ¿robar huesos?
En noviembre del 2018, hubo otro caso de profanación en el cementerio de Carapeguá, en donde encontraron destrozada la parte trasera de un panteón y el ataúd completamente vacío. Todo parece un típico cuento fantástico del terrorífico Edgar Allan Poe o Stephen King; sin embargo, estos hechos no son para nada novedosos o fuera de lo común, ya que la comercialización de huesos humanos es una triste realidad en nuestro país.
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Las hipótesis acerca del objetivo de estas truculentas prácticas concluyen que existe un mercado clandestino dedicado a la venta de huesos humanos. Los destinatarios son practicantes de medicina u odontología que trabajan con todas las partes de un esqueleto durante años de estudio; de esta manera, aunque un estudiante no tenga idea de la profanación cuando compra un conjunto de restos óseos, al terminar la facultad, vuelve a venderlos o simplemente los tira, acumulándose así un sinfín de huesos humanos, en el depósito del Ministerio Público.
Creés que, al morir, tus restos descansarán en paz dentro de un panteón pero, al parecer, la inseguridad te seguirá afectando hasta en la tumba. Por eso, como si fuese un mal chiste, después de fallecer debés continuar con los mismos cuidados para que no te roben todas tus pertenencias; la única diferencia es que entonces tus huesos estarán en juego y no tu dinero.
Por Macarena Duarte (17 años)
