Fomentar el pensamiento crítico es una tarea que debe ser constante, hay que estar suficientemente informado para razonar y captar la autenticidad sobre un tema que se profundiza. Pensar críticamente implica deducir, analizar y opinar adecuadamente sobre alguna información o ciertas situaciones que se dan en cualquier ámbito, como la política, salud, economía, educación, etc., con el fin de llegar al comentario más racional posible.
Conocido es el caso cuando le preguntás a una persona sobre un tema y no sabe qué ni cómo responderte o dice algo totalmente fuera de contexto. Así como cuando cuestionás a alguien: ¿Por qué te vas al paro de la UNA, qué es lo que piden los estudiantes? Y te contesta que quieren una “Reforma ya”, dejando de lado los propósitos más específicos y concretos por los cuales reclaman la equidad entre los estamentos que gobiernan la universidad.
Si no sos perseverante en la reflexión crítica, te quedás flotando cuando te hacen una pregunta que requiere una devolución inteligente, apelando al razonamiento; entonces, directamente soltás palabras sin sentido. Así también, están los que reproducen cualquier frase común que escuchan en conversaciones o miran y sacan de los comentarios vulgares en las redes sociales: “En Paraguay ko estamos” y “así nomás luego siempre fue” son algunas afirmaciones sin explicaciones claras.
Es bueno promover esta dinámica de juicio ya desde una temprana edad, a partir de la niñez de ser posible, pero obviamente, en un grado menor de exigencia que en los adultos. Este tipo de pensamiento más profundo ayuda a afianzar el aprendizaje de una persona o, por lo menos, lo que trata de estudiar. Si la persona es joven, se la debe educar para que opine de forma autónoma, de criticar sobre lo que sucede en su entorno y que su punto de vista sea diferente a los demás.
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“¿Por qué lo que los estudiantes no se manifiestan los fines de semana?” es otra de las cuestiones necias y torpes de la gente, argumentando que los alumnos causan molestias en el tránsito y en las calles; sin embargo, no se detienen a pensar en el trasfondo de las diferentes protestas. Hay que enseñar a excavar las informaciones, a ser curiosos y preguntones para saber el significado o la trama de un asunto cualquiera; se debe mirar desde varios ángulos, no imponer y afirmar una sola postura egocéntrica.
Enfrentar momentos en los cuales tenés que hablar y dar a conocer tu postura con argumentos te puede servir para actuar con prudencia y discutir sanamente. Porque si divagás con cualquier cosa que no viene al caso, bien grande vas a pelar cuando el tipo con el que hablás piense como decía Montesquieu: “A la mayoría de las personas prefiero darles directamente la razón rápidamente antes que escucharlas”. Leé, analizá, reflexioná y después hablá.
Luis Jiménez (19 años)
