Queridos abuelos, deberían ser eternos

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La seguridad que te brinda tu tata y los manjares que la mamá guasu prepara son las muestras de amor más hermosas que existen. Aprovechá cada minuto para demostrar a tus abues el amor que tenés hacia ellos, ya que el tiempo pasa y no concede excepciones.

Actualmente, tanto mamá como papá se ausentan mucho tiempo en el hogar por las actividades laborales y sociales. Por esa razón, los abuelos juegan un papel más que importante, ya que, en muchos casos, ellos son los encargados del cuidado de los nietos.

Cuando somos criaturas, las abuelas suelen malcriarnos y mimarnos hasta no poder más, pero si creías que al ser grande ya dirías good bye al kunu´u..., ¡te equivocaste! Tu mamá guasu nunca se cansará de abrazarte y decirte cuánto te ama. Además, ella es tu cómplice perfecta, ya que si querés ir a la pijamada de tu BFF y mamá no banca el permiso, la abue suele ayudarte para obtener el consentimiento para salir a divertirte un poco.

Si estás medio bajón, los que siempre te escuchan son los abuelos. Además, las tardes con ellos son lo mejor del mundo, ya que la silla cable y el tereré hacen el escenario perfecto para escuchar sus aventuras de juventud.

Muchas veces, el tata te levanta la autoestima hasta por las nubes, porque, por más que estés despeinada, cachafá y tu cara se asemeje a Shrek, él te dice que sos lo más hermoso que sus ojos han podido ver.

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Si estás en la casa de la abuela y te duele la panza, ella se convierte en la experta en remedios naturales. Hojas de mandarina, boldo y algunos ingredientes secretos harán que dejes las pastillas o los jarabes y al rato estés más que bien.

Un dato que resulta llamativo es que, por más que tu mamá te prepare la comida o vayas al restaurante más caro, los platillos de la abuela serán siempre la exquisitez para nuestro paladar.

Algunos afortunados todavía cuentan con sus abuelos, mientras que otros ya tienen ángeles que los cuidan desde arriba. Lamentablemente, el reloj de la vida no se detiene ni conoce excepciones, así que llamalos, abrazalos, deciles que los amás o, si los tenés cerca, mimalos lo más que puedas. Por más de que tengan sus mañas o algunas veces te den hasta dolor de cabeza, ellos son los mejores del mundo.

Abuelos, deseo tanto que sean eternos.

Por Rocío Ríos (18 años)