Te indigna la corrupción, pero no te animás a reclamar en las calles, ¿o sí?

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Cuando los políticos cometen hechos cargados de injusticia y corrupción, nos indignamos y plasmamos nuestro enojo en las redes sociales. Sin embargo, no somos capaces de salir a las calles y defender los derechos que están siendo pisoteados.

El gobierno rumano pretendía despenalizar algunos delitos de corrupción a través de un decreto ley. Al enterarse de este hecho, los ciudadanos del país europeo salieron a las calles a manifestarse en masa, lo que obligó a los políticos a realizar una sesión extraordinaria a fin de revertir la decisión que habían tomado con anterioridad.

Este hecho nos demuestra que, a pesar de que los políticos son los que gobiernan un país, las personas aún tienen la voz para protestar cuando sus derechos son pisoteados. Los rumanos no se quedaron de brazos cruzados en el momento en que se enteraron de que existiría pase libre para muchos hechos de corrupción; no hicieron sus quejas en Facebook solamente, sino que llenaron las calles y se unieron en un solo y gigantesco grito de indignación.

Si hacemos un paralelismo con los paraguayos, es fácil sacar la siguiente conclusión: nosotros nos quejamos, sí, pero nuestras palabras casi nunca se convierten en acciones. Ponemos la excusa de que “nada luego va a cambiar” o “los ladrones existirán en este y en todos los gobiernos que vendrán”. Somos conformistas y, en parte, nos dan miedo las posibles represalias que podrían surgir si salimos a mostrar el descontento que nos provocan los políticos corruptos.

Todo es causa y efecto; si existe corrupción en el país es porque las personas no despiertan ni zapatean cuando algo anda mal. Muchos políticos roban relajadamente y juegan sucio, pues saben que el escrache de los ciudadanos no pasará de las redes sociales. Además, son conscientes de que una vez que dejen sus cargos vivirán felices con el fruto de su “trabajo” y nadie se acordará de sus nombres.

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Todos se enojan cuando los hechos de corrupción saltan a la vista, pero el enfado dura una semana como máximo y luego el caso queda en el oparei. Si las manifestaciones no resultan, muchos abandonan la lucha y se tragan las protestas.

Sería genial que nos pongamos las pilas e imitemos a los rumanos cuando los políticos se pasan de listos. El pueblo debe despertar de su pesado letargo, no olvidar tan fácilmente las meteduras de pata del Gobierno y defender la justicia de manera contundente, aunque sin recurrir a la violencia.

Por Viviana Cáceres (19 años)