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27 de Diciembre de 2018 02:07

 

“Casa Tarzán”, vestigio de una era más glamurosa de Acapulco

Por EFE

Enclavada sobre un acantilado con una vista privilegiada del Pacífico, la que fuera residencia del actor estadounidense Johnny Weissmüller, Tarzán en numerosas películas, se erige como vestigio de una era más glamurosa de la ciudad portuaria Acapulco.

Durante más de un siglo, Acapulco, en el sureño estado de Guerrero, se ha caracterizado por su impresionante vida nocturna, además de ser partícipe de decenas de películas nacionales e internacionales que lo pusieron como el destino turístico favorito de actores y políticos.  El clima tropical era el complemento perfecto para disfrutar de sus playas doradas, enamorando a cada uno de los visitantes con las impresionantes puestas de sol.

Sin embargo, este encanto ha ido disminuyendo a causa de una al parecer imparable ola de violencia que cada año tiene a Acapulco disputando los primeros lugares entre las ciudades con más homicidios en México.

En épocas de recuerdos más gratos, el actor Peter Johann Weissmüller, mejor conocido como Johnny Weissmüller, quedó impresionado con cada uno de los rincones del lugar luego de ser filmada en el puerto la película de “Tarzán y las Sirenas”, en 1948.

Principalmente quedó prendado del hotel “Los Flamingos”, convirtiéndose este “maravilloso paraíso” en su casa, comentó Juan, trabajador y guía del sitio.

Weissmüller y el también actor John Wayne se hicieron propietarios del hotel y decidieron crear 36 habitaciones más que lo convirtieron en el escondite de la “Pandilla de Hollywood” durante el periodo 1950-1984, albergando a figuras como Cary Grant, Fred McMurray, Red Skelton, Rex Allen, Bo Roos, Errol Flynn y Richard Widmark. Durante esta época el hotel se convirtió en punto de encuentro del “jet set”, realizándose allí las mejores fiestas del puerto y de México.

Solamente actores, políticos y representantes de la élite social eran bienvenidos. A pesar de que Weissmüller era un buen anfitrión, el ruido que provocaban las fiestas que no tenían fin se escuchaban en su habitación, la cual se encontraba a un lado del bar donde se llevaban a cabo, por lo que decidió construir una casa para él dentro del complejo, alejada del ruido. Pensando en cada uno de los detalles de la casa, Weissmüller decidió construirla de forma particular, haciendo referencia a cada una de sus películas.

Conocida como la “Casa de Tarzán” o “Casa Redonda”, está diseñada como se observan las chozas en la cinta “Tarzán de los monos”, con un perímetro circular, luego de que “los nativos de África le dijeran que de esta manera los espíritus malignos no entrarían a su hogar, al no contar con esquinas”, explica Juan.

Por dentro hay dos recámaras con baño y una estancia, en la entrada un arbusto con la cara de su mejor amiga, Cheetah, la chimpancé que fue su compañera de grabación durante la saga de Tarzán, y el mirador tiene la forma de una mandíbula de cocodrilo, simulando los dientes con piedras picadas.

De allí desciende un acantilado dos veces mas alto que La Quebrada de Acapulco, lugar donde se presenta el espectáculos de clavados, a 45 metros de altura, más emblemático del puerto. Veintiún años aproximadamente (1963-1984) fueron los que Weissmüller vivió en la “Casa Redonda” junto con su quinta y última esposa, Maria Brock Mandell Bauman, hasta que tuvo que ser aislado de todas las personas que lo rodeaban ya que presentaba ataques de enojo cada vez que lo visitaban.

Por ello se tuvo que trasladar a una casa más solitaria en Playa Mimosa, a unos cuantos kilómetros de distancia. Antes de fallecer le dijo a su esposa “El día que yo muera no deseo regresar a Estados Unidos, porque Acapulco es mi paraíso”, cuenta Juan.

Días después moriría de un infarto fulminante. Los restos del intérprete de Tarzán fueron sepultados en el panteón Valle de la Luz a las afueras de Acapulco, donde se le hizo un monumento para recordarlo como el principal promotor del puerto en Hollywood.

Luego de su muerte, el hotel fue vendido por sus hijos. En la actualidad, la “Casa Redonda” es un museo y también forma parte de la renta del hotel, y con capacidad de albergar a seis personas. Cuenta con piscina privada y un mirador desde el que se pueden ver la isla La Roqueta, la playa Pie de la Cuesta y Puerto Marqués, constituyendo una de las mejores vistas de todo Acapulco.

 
 

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