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04 de Setiembre de 2018 17:40

 

¿La tecnología es culpable de la saturación turística en Europa?

Por Farhad Manjoo/The New York Times

Durante el verano, mi esposa y yo nos fuimos con nuestros dos hijos pequeños a pasar dos semanas de vacaciones por Europa.

No fue tan ostentoso como suena. En Londres, nuestro Airbnb tenía enormes tragaluces —que volvieron el lugar casi inhabitable durante la ola de calor en Europa—. En París, nuestra encantadora casa compartida tenía un agujero del tamaño de una caverna en el techo de la entrada, por donde se veían unas vigas estructurales que parecían estar pudriéndose desde la época de Napoleón. En Ámsterdam, nuestro Airbnb anunciaba una habitación para niños llena de juguetes, pero no mencionaron que habría mosquitos y ratones.

No me estoy quejando. Si los inconvenientes de los viajes son lo más memorable, mis vacaciones fueron inolvidables. Y sin los servicios de propiedades compartidas como Airbnb, los sitios de reseñas como TripAdvisor y las comodidades como Uber, OpenTable y Expedia, el viaje habría sido mucho más costoso, menos accesible y, de una extraña manera, menos auténtico.

Sin embargo, mi viaje facilitado por la tecnología también fue revelador, porque me proporcionó una mirada de primera mano hacia un problema inquietante que ha afectado a gran parte de Europa últimamente: la preocupación por el sobreturismo y las consignas en aumento que culpan de esa amenaza a tecnologías como Airbnb, Uber y otras comodidades turísticas basadas en internet.

Cada verano, los destinos europeos más populares están atiborrados hasta el cuello de turistas, que superan varias veces la cantidad de lugareños y convierten los puntos de atracción en ciudades sudorosas, “disneyficadas” y atascadas de paloselfis. Ofrecen una probada de una amenaza global creciente: en todo el mundo, gracias en parte a la creciente prosperidad, el turismo se está convirtiendo en un pasatiempo compartido de manera más generalizada. Los viajes internacionales aumentaron un seis por ciento en la primera mitad del año, con lo que superaron los pronósticos de los expertos, de acuerdo con la Organización Mundial de Turismo de las Naciones Unidas.

Este crecimiento alguna vez pudo ser sin duda una buena noticia. Pero los destinos más populares del mundo no pueden expandirse para acomodar a un flujo infinito de visitantes. Los defensores de frenar el turismo dicen que demasiados visitantes alteran el carácter de ciudades históricas y también hacen que los viajes sean espantosos.

“Es un nivel de turismo que está degradando el placer que tienen los residentes, pero también está empeorando la experiencia turística, porque el turista que está haciendo filas sin fin detrás de las mochilas de otros cientos de turistas no está descubriendo el lugar verdadero ni auténtico”, comentó Justin Francis, director ejecutivo de Responsible Travel, una empresa que organiza viajes “sustentables” para sus clientes.

¿De quién es la culpa? Además de la prosperidad generalizada, también está la tecnología, definida grosso modo.

A lo largo de las últimas décadas, las innovaciones en la aviación
–aviones comerciales más amplios y eficaces, y el aumento de aerolíneas de bajo costo– redujeron significativamente el costo de los vuelos. Las embarcaciones de cruceros más grandes, capaces de acomodar a varios miles de pasajeros, ahora llevan ciudades flotantes enteras hasta puertos costeros (por lo que hace poco Venecia los prohibió). También hay muchas maravillas que permite el internet, entre ellas reservaciones en línea, reseñas locales, mapas en celulares, transporte privado y propiedades compartidas, que han democratizado de manera colectiva prácticamente todos los pasos necesarios para viajar.

“Es un nivel de turismo que está degradando el placer que tienen los residentes, pero también está empeorando la experiencia turística”.

Finalmente, como con casi cualquier otro asunto en la actualidad, también está la influencia de las redes sociales.

“No se puede hablar de exceso de turismo sin mencionar Instagram y Facebook; pues creo que son grandes motores de esta tendencia”, comentó Francis. “Hace 75 años, el turismo se trataba de buscar experiencias. Ahora se trata de usar la fotografía y las redes sociales para construir una marca personal. De cierto modo, para muchas personas, las fotos que toman en un viaje son más importantes que la experiencia”.

Que tantos factores distintos estén involucrados en el exceso de turistas enfatiza las dificultades de hacer algo para solucionarlo. Gestionar un destino turístico es como manejar un recurso natural, como la minería o la pesca; un nivel sustentable de turistas trae vastas ganancias a la economía local, pero demasiados de ellos arruinan la experiencia para todos. Las ciudades que buscan controlar el número de turistas deben encontrar un equilibrio delicado para desanimar sutilmente algunas formas de turismo sin que resulte desagradable para otras.

Eso nos trae al ajetreo por Airbnb, que legisladores en toda Europa han señalado como el motor principal del exceso de turistas. En Ámsterdam, las autoridades están buscando recortar el número de noches que los residentes pueden rentar sus casas de sesenta a treinta. Varias ciudades más, entre ellas Londres y Barcelona, también han establecido reglas estrictas para las propiedades compartidas.

“Hace 75 años, el turismo se trataba de buscar experiencias. Ahora se trata de usar la fotografía y las redes sociales para construir una marca personal”.

Las medidas reflejan el crecimiento asombroso de Airbnb. En tan solo unos años, la empresa se ha convertido en una fuerza significativa en la economía turística de muchas ciudades. En Ámsterdam, de acuerdo con la compañía, Airbnb conformó el 12 por ciento de todas las reservaciones en 2017. En Barcelona, Airbnb tuvo una participación en el mercado del 18 por ciento. Asimismo, en Kioto, Japón, fue del 22 por ciento.

No obstante, Airbnb –que, como Uber, es una empresa veterana en el tema de combatir reveses regulatorios en todo el mundo– rechaza ser la causa del exceso de turismo, y argumenta que de muchas maneras puede ser una solución. En el informe de la empresa sobre el “turismo saludable” de este año, presentó una ráfaga de datos geográficos y económicos para demostrar que el servicio está produciendo una experiencia de viaje más “auténtica”.

Airbnb señaló que, debido a que ofrecía alojamientos en toda una ciudad –en vez de solo en los lugares turísticos más populares donde normalmente se encuentran reunidos los hoteles– podía distribuir las multitudes de manera más uniforme.

En una entrevista, Chris Lehane, vicepresidente de asuntos públicos de Airbnb, también argumentó que el sitio beneficiaba a las economías locales de manera más directa que los hoteles.

“Nuestros anfitriones locales ganan un 97 por ciento del precio en que alquilan sus casas”, comentó Lehane. “Nuestros huéspedes se quedan más tiempo que el huésped promedio de un hotel y están repartiendo las ganancias económicas en toda una comunidad de una manera que no ocurre con los hoteles”. Dijo que, aunque hubo algo de fricción con las ciudades respecto del enorme crecimiento de la empresa, había visto señales de una distensión más reciente.

“Ámsterdam es un caso atípico en este momento”, comentó. “En su mayoría, generalmente gozamos de un posicionamiento envidiable en el diálogo con las ciudades”.

Lehane señaló a Barcelona, donde las negociaciones de Airbnb con las autoridades acerca de qué tipo de reglas tendrían sentido para compartir propiedades acabaron en un tono desagradable a mediados del año pasado. Desde entonces, ambos bandos han mejorado su relación. Airbnb acordó eliminar miles de listados que violaban las reglas de la ciudad, así como establecer un sistema para recaudar impuestos y ayudar a los anfitriones a cumplir con las normas.

Es poco probable que estos desafíos sigan siendo los mismos durante mucho tiempo, debido a que la tecnología que los exacerba es siempre cambiante. Un problema reciente es el ascenso de una clase más emprendedora de gente que renta sus casas, personas que compran propiedades para rentarlas todo el tiempo en sitios de espacios compartidos, a menudo violando las reglas locales.

Airbnb dijo que intenta ir tras los anfitriones que rompen las reglas, pero incluso algunos de sus aliados nominales se preguntan con cuánta diligencia lo hace.

“El tema con Airbnb, como se lo he dicho a sus dirigentes, es que hay inmuebles listados que no son casas compartidas… son personas que compran varios departamentos y los enlistan todos, lo cual realmente cambia la naturaleza de una ciudad”, dijo Jonathan Tourtellot, el fundador de Sustainable Stewardship Center, un grupo sin fines de lucro que promueve el turismo sustentable. Airbnb le pidió a Tourtellot que escribiera el prólogo de su informe.

Otro problema es que Airbnb ha enfrentado más competencia de nuevos servicios de renta de propiedades compartidas –y las autoridades han tenido problemas para vigilar a algunos de sus competidores–.

El problema más general es el crecimiento imparable en todas partes.

“Al final, esta historia es solo un problema de números”, dijo Tourtellot. Señaló que en 1960, cuando comenzó la era de los aviones que usan motores a reacción, se hicieron cerca de 25 millones de viajes internacionales. El año pasado, la cifra fue de 1.300 millones.

En cuanto a las ciudades que son los principales destinos, comentó: “Tienen el mismo tamaño que en 1959 y quizá seguirán siendo así”.

 

 
 

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