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14 de Marzo de 2018 08:18

 

Adiós al explorador del universo

Por AFP y EFE

LONDRES. El astrofísico británico Stephen Hawking, que desafió las expectativas de una muerte temprana para convertirse en el científico más popular del mundo, falleció este miércoles a los 76 años en la ciudad universitaria inglesa de Cambridge.

Hawking, cuyo libro “Historia del tiempo”, aparecido en 1988, se convirtió en un superventas y lo catapultó al estrellato, dedicó su vida a desentrañar los misterios del universo y, aunque nunca ganó el premio Nobel, era más célebre que cualquiera de los que lo hicieron. Nació en Oxford, hijo de profesores, y murió en Cambridge, dos grandes centros británicos del saber con sus famosas universidades, y fue, en palabras de la primera ministra Theresa May, “una mente brillante y extraordinaria”.

“Estamos profundamente tristes” por la muerte de nuestro querido padre, declararon los hijos de Hawking, Lucy, Robert y Tim, en un comunicado. “Fue un gran científico y un hombre extraordinario cuyo trabajo y legado perdurarán muchos años”.

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Este miércoles, en Cambridge, las muestras de pesar se combinaban con las de agradecimiento. Las banderas en la facultad Gonville y Caius, en la que fue profesor, ondeaban a media asta y los estudiantes y docentes firmaban el libro de condolencias.

“Era muy divertido y tenía un gran sentido del humor (...) Me lo pasé muy bien con él”, explicó a la AFP Justin Hayward, que elaboró su tesis doctoral entre 1991 y 1995 bajo la supervisión de Hawking.

Sus brillantes ideas y su ingenio le hicieron ganar admiradores de todos los ámbitos, mucho más allá de la astrofísica, y se le llegó a comparar con Albert Einstein e Isaac Newton, algo que desdeñaba. Hawking desafió las predicciones de los médicos, que, a mediados de los años 1960 le dieron sólo unos años de vida después de que le diagnosticaran una forma atípica de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad que ataca a las neuronas motoras encargadas de controlar los movimientos voluntarios y que lo dejó en silla de ruedas. El resto de su vida, solía decir, fue “un regalo”.

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La enfermedad le fue dejando progresivamente paralizado, hasta el punto de que solo podía comunicarse a través de un ordenador que interpretaba sus gestos faciales gracias al único músculo que controlaba: el de la mejilla.

Un titán de la ciencia

Nacido el 8 de enero de 1942, 300 años exactamente después de la muerte del padre de la ciencia moderna, Galileo Galilei, Stephen William Hawking se convirtió en uno de los científicos mejor considerados del mundo y entró en el panteón de los titanes de la ciencia.

Gran parte de sus trabajos se centraron en unir la relatividad (la naturaleza del espacio y del tiempo) y la teoría cuántica (la física de lo más pequeño) para explicar la creación y el funcionamiento del cosmos.

“Mi objetivo es simple”, dijo una vez. “Es entender completamente el universo, por qué es como es y por qué existe simplemente”.

Hawking fue un temprano defensor de la teoría del Big Bang para explicar el origen del Universo. Sus investigaciones posteriores demostraron que los agujeros negros emitían radiación, “la radiación Hawking”, como se la conoce.

Los agujeros negros fueron nombrados así porque se creía que eran tan masivos que ni siquiera la luz podía escapar de ellos, pero Hawking demostró que algunas partículas sí podían huir por los efectos de la mecánica cuántica. Su popularidad le llevó a realizar cameos en series de televisión como “Star Trek” y “The Simpsons” y su voz apareció en las canciones de Pink Floyd.

’Legendario’

Desde todas partes del mundo, los homenajes no se hicieron esperar. El profesor Alan Duffy, del Centro de Astrofísica y Supercomputación de The Royal Institution de Australia, calificó el trabajo de Hawking de “legendario”.

La NASA publicó en Twitter un video del científico, sonriendo mientras flotaba libremente dentro de un avión modificado que produce periodos de ingravidez y que despegó del Kennedy Space Center de Florida.

“Sus teorías desbloquearon un universo de posibilidades que nosotros y el mundo estamos explorando. Quizá te quedes volando como Supermán en la microgravedad, como le dijiste a los astronautas de la @space—station en 2014”.

Incluso personas ajenas a la ciencia expresaron su pesar, como la cantante estadounidense Katy Perry, con “un gran agujero negro” en su corazón. Hawking se casó en 1965 con Jane Wilde, con quien tuvo tres hijos. Su historia de amor fue contada en la película de 2014 “The Theory of Everything”.

La pareja se separó al cabo de 25 años y el científico se casó con su exenfermera Elaine Mason, de quien se acabaría divorciando en 2006 en medio de rumores de maltrato, que él negó.

Hawking se convirtió a los 32 años en uno de los miembros más jóvenes del órgano científico más prestigioso del Reino Unido, la Royal Society. En 1979, fue nombrado titular de la prestigiosa Cátedra Lucasiana de la Universidad de Cambridge, centro al que llegó procedente de la Universidad de Oxford para estudiar astronomía teórica y cosmología. 

Una mente veloz encerrada en un cuerpo inmóvil

El físico británico Stephen Hawking, fallecido a los 76 años, contribuyó a arrojar luz al enigma de los agujeros negros y fue uno de los divulgadores científicos más célebres del último siglo a pesar de una parálisis progresiva que le marcó desde la juventud. Los médicos le dieron dos años de vida cuando tenía 21 por una esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que minó su capacidad para moverse y comunicarse, pero Hawking superó ese límite, como la mayoría de los que se le presentaron.

Ocupó durante tres décadas (1979-2009) la cátedra Lucasiana de Matemáticas en Cambridge, la misma que Isaac Newton, hizo contribuciones fundamentales para la cosmología moderna y supo además trasladarlas al lenguaje popular en libros como “Una breve historia del tiempo”, del que se han vendido más de diez millones de copias.

Hawking, que se casó dos veces y tuvo tres hijos, se refugió en la física teórica para escapar de un cuerpo que le resultaba una cárcel y, once años después del dictamen que le auguraba una muerte casi inminente, postuló una predicción científica que resultó más exacta que la de sus doctores: la existencia de la llamada radiación de Hawking.

El cosmólogo supo relacionar las ecuaciones de la relatividad de Einstein con la mecánica cuántica para identificar las únicas partículas que pueden escapar del horizonte de sucesos de un agujero negro, una frontera que ni siquiera la luz puede cruzar y que hasta entonces se consideraba infranqueable.

Su hallazgo facilitó la detección de agujeros negros y propició, entre otros, el descubrimiento de que en el centro de nuestra galaxia se oculta uno de ellos (Sagitario A). Hawking nació en Oxford el 8 de enero de 1942 -el día del 300 aniversario de la muerte de Galileo, como le gustaba subrayar-.

Sus padres se habían refugiado en esa localidad inglesa para proteger a su descendencia de los bombardeos de la Luftwaffe alemana sobre Londres. Los Hawking -Frank, médico, e Isobel, licenciada en filosofía, política y economía- eran un matrimonio económicamente modesto pero preocupado por ofrecer la mejor educación posible a Stephen y sus tres hermanos, Philippa, Mary y Edward. Stephen no sobresalió en el colegio. “Mi promoción fue francamente inteligente”, se excusó con ironía en alguna ocasión, y lo hizo de un modo peculiar en Oxford, donde llamó la atención de sus profesores por su facilidad para las matemáticas, pero no se preocupó por mantener un expediente brillante.

Nadie recuerda al Stephen Hawking de entonces como un estudiante gris, encerrado en sus libros, sino como un joven amante de las discusiones, algo presuntuoso, que marcaba el ritmo como timonel en la embarcación de remo de su residencia universitaria.

Debido a sus notas, pasó apuros para que le admitieran como doctorando en Cambridge, donde se sumergió en la cosmología, un campo todavía especulativo en los años '60 que algunos consideraban una pseudociencia. Muchos le aconsejaron que siguiera un camino menos oscuro, pero, como en la mayoría de ocasiones en su vida, no se detuvo a considerar las dificultades y optó por una senda poco transitada con la convicción, compartida entonces por unos pocos, de que las matemáticas podían ayudar a esclarecer el origen del universo.

Cuando en 1963 le dieron dos años de vida, se encerró durante semanas en su habitación universitaria para emborracharse y escuchar a Wagner a todo volumen, hasta que decidió que, mientras la muerte no llegara, se dedicaría a avanzar en sus investigaciones.

Encontró un apoyo crucial en la joven Jane Wilde, a quien había conocido poco antes y con quien se casó en 1965, dos años antes de que naciera su primer hijo, Robert, al que seguirían Lucy (1969) y Timothy (1979). Cuando se convirtió en profesor Lucasiano, a los 37 años, su lucidez seguía intacta, pero ya no podía andar, escribir ni alimentarse por sí mismo y su habla era poco articulada, casi ininteligible excepto para su círculo más cercano.

En 1985 perdió el habla por completo tras una traqueotomía y comenzó a comunicarse con un sintetizador de voz que le facilitó la redacción de “Una breve historia del tiempo”, el libro que le lanzó a la fama en 1988. Su celebridad, así como la cantidad de cuidados médicos que requería, acabaron de deteriorar su relación con Jane, de quien se divorció en 1991 para casarse cuatro años después con Elaine Mason, su enfermera desde 1985, de la que también se divorció en 2006. A partir del año 2000, Hawking incrementó su dedicación a los libros de divulgación popular y publicó obras como “El universo en una cáscara de nuez” (2001) y “El gran diseño” (2010).

 
 

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