“No. Sencillamente porque al leer la ley del patrimonio y la relacionada al Jardín Botánico no se debería haber planteado la solución que se planteó”, respondió ayer a nuestro diario el Ing. Amílcar Troche, director de fiscalización de la obra de la autopista Ñu Guasu, al ser consultado si en el hipotético caso de que les hubiera tocado empezar de cero un emprendimiento como este, lo hubieran hecho de la manera en que se hizo.
La obra comenzó en octubre de 2012 y avanzó pese a que no tenía asegurada una salida al oeste, pues carecía de una conexión con la Transchaco y la primera intención de utilizar una parte del Jardín Botánico fue rechazada de plano por la Municipalidad de Asunción.
Para justificar por qué se permitió continuar, el Ing. Troche, que pertenece a la Consultora de Ingeniería Alto Paraguay SA, alegó que la intervención de su empresa como fiscalizadora ocurrió en diciembre de 2012, ya una vez que la contratista firmó el contrato e inició los trabajos. “Nosotros somos contratados para fiscalizar y nuestra primera tarea es la revisión del proyecto, y al revisarlo ya nos encontramos que no se podía hacer eso (invadir el Jardín Botánico), y empezamos a buscar las soluciones para que la obra sea viable”, sostuvo.
Estas declaraciones se dieron ayer en una reunión de técnicos relacionados a la obra que fue convocada por el encargado de Comunicación del MOPC, Óscar Ayala, para responder a las últimas publicaciones de nuestro diario sobre el tema.
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Precisamente Ayala, al escuchar la respuesta del Ing. Troche, sostuvo que él creía que “hablar de un caso hipotético ya no cabe. Es un hecho real (la obra) y esta administración (del MOPC) debe adecuarse a lo que existe, y esa es la gran disyuntiva que tiene, y entonces el compromiso del Ministerio es el de minimizar cualquier clase de impacto que pudiera afectar patrimonios que sean culturales, históricos o ambientales. Y ese es el desafío”.
Fallas de proyecto
Sin embargo, como para que no quede dudas sobre por donde iba la cuestión y las responsabilidades en este asunto, el director de fiscalización insistió en otro momento en que “deberíamos invertir un poquito más en la fase de ingeniería de proyectos para no tener que gastar tanto en soluciones.
Lastimosamente, en nuestro país se considera un gasto la inversión buena en proyectos. Cuanto más se invierte en proyecto, la obra tiene menos variaciones de costos, plazos, etc., pero hay un concepto de que no hay que gastar mucho en eso. Una lástima, ojalá eso vaya cambiando porque en todas las obras donde sí hay una buena ingeniería de proyectos los costos están muy cerca de los márgenes originales y los plazos nunca se disparan tanto como suele ocurrir con nuestras obras”.
¿Y los proyectistas?
Teniendo en cuenta la aparente unanimidad existente entre las actuales autoridades del Ministerio de Obras Públicas y los fiscalizadores sobre que los problemas de la obra derivan de un proyecto mal concebido, preguntamos si se prevé algún tipo de sanción o denuncia al respecto, a lo que el portavoz del MOPC dijo que “hasta ahora no se han tomado medidas, (pero) se ha pasado ya el caso a la asesoría jurídica, y ahí se están estudiando qué caminos se pueden tomar al respecto. Se va revisar todo el proceso, desde la proyección hasta lo que se está haciendo ahora”.
El proyecto de esta autopista es obra del consorcio Oting, formado por las firmas Otec e Ingser, que en su momento estaban representadas por los ingenieros Julio Álvarez y Consorcia Unsaín, respectivamente.
Para proceder a la invasión de un total de 2.800 m² de la Estación Botánico, el MOPC logró en abril pasado el visto bueno de la Secretaría Nacional de Cultura (SNC), encargada de resguardar el patrimonio histórico y cultural del país. Dicha instancia también salió en estos días a defender su decisión, argumentando que para esta obra ya no había otra salida que esa.
