El Banco Mundial (BM) fue uno de los organismos que llamaron la atención ya en 2014 sobre la situación, cuando el Gobierno había anunciado una reducción importante en las cifras de pobreza y pobres extremos correspondiente al periodo 2013.
Augusto de la Torre, que era entonces economista jefe para América Latina del BM, advirtió sobre el riesgo de que la gente vuelva a caer en la pobreza ante la falta de una política eficiente que asegure el progreso social acorde con el crecimiento económico que se viene mostrando a nivel macro.
“La reducción de la pobreza no es el fin de la historia; en cierto sentido es el comienzo de la misma”, había señalado el experto en una entrevista con nuestro diario, en Washington, añadiendo que es preciso acompañar a esas personas con servicios públicos eficientes en materia de salud, educación, capacitación, etc.
Al inicio de este gobierno la pobreza total había bajado de 37,37% a 28% y pobres extremos, de 7,38% a 5,69%. En los años siguientes estas cifras lentamente se fueron incrementando para ubicarse en 2016 en 28,86% y 5,73% respectivamente.
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Fallaron políticas
Al respecto, la economista nacional Lilia Moliniers sostuvo ayer que las políticas públicas en cierta medida no acompañaron a las personas que salieron de la pobreza, y citó por ejemplo la capacitación de mano de obra a través del Servicio Nacional de Promoción Profesional (SNPP), que habitualmente tienen alta difusión solo en periodos electorales, por más que cuenten con programas de manera permanente. Esta información no llega a la gente a la que debe llegar de manera eficiente, alegó.
Otro problema, según ella, es la informalidad laboral que se refleja en los resultados de la última Encuesta Permanente de Hogares. El desempleo abierto se ubicó en 8,4% en el primer trimestre de 2017, y la subocupación, en 12,4% de la población en Central, lo que incide de alguna forma en estos resultados de pobreza, explicó.