Por una parte, “la alteración de la matriz salarial significó el incumplimiento de la regla que pretendía simplificar, racionalizar y transparentar el sistema de remuneraciones del sector público para promover la meritocracia, objetivo razonable que muy pronto fue dejado de lado cuando las bonificaciones fueron reinstaladas como artilugios para incrementar los salarios”, según el analista. Resalta que el Ejecutivo ni siquiera pensó en recortar los privilegios salariales cuando meses antes elaboró el proyecto de presupuesto 2017, enviado al Congreso a fines de agosto. “Incluso solicitó que se apruebe a libro cerrado, sin ser revisado, un proyecto que contemplaba otra vez el pago de hasta dos gratificaciones o premios anuales a los funcionarios”, señala Borda.
“La baja inflación ha sido siempre una fortaleza de nuestra economía, reforzada en los últimos años por el hecho de que la meta de inflación se viene cumpliendo rigurosamente desde 2010”, pero en otros temas hay improvisaciones, sostiene.