21 de Setiembre de 2010
Científicos validan el conocimiento popular sobre bondades del burrito
Los fieles consumidores del burrito podrán acceder próximamente a innovadoras opciones de productos hechos a partir de esta planta, conocida en nuestra cultura popular por sus propiedades relajantes y digestivas. Un grupo de investigadores de la UNA logró validar la información que se tenía al respecto y muy pronto en el mercado se podrán conseguir esencias de burrito, té y hasta cápsulas.
El trabajo de recolección de datos, creación y puesta en marcha del proyecto fue realizado por la Dirección de Investigación de la Facultad de Ciencias Químicas de la UNA. Los docentes María del Carmen Hellión, mentora del emprendimiento; y Derlis Alcides Ibarrola, jefe del departamento de Farmacología, comentan que no fue fácil captar la atención internacional para una investigación seria sobre el burrito.
En el marco del programa de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED), apoyado por el Gobierno español, los docentes investigadores presentaron al burrito como potencial antidepresivo, con la esperanza de ganar adeptos a nivel internacional para generar una base científica sobre el tema.
Al principio no tuvo mucha repercusión, admiten María del Carmen y Derlis, a pesar de que los estudios realizados en nuestro país garantizaban la efectividad de la planta. Como no se contaba con información sobre el tema, no llamó la atención de los representantes del programa CITED. Empero, como la falta de datos no se traduce precisamente en la descalificación de un producto, los compatriotas continuaron los estudios para crear esa información, en el laboratorio de la UNA.
Más tarde, la propuesta paraguaya fue una de las pocas que tuvo suficiente repercusión, ya que para verificar que los resultados de los estudios realizados en nuestro país fueran fidedignos, se llevaron muestras del burrito a los laboratorios de otros países, en donde se reprodujeron los mismos resultados. Esto permitió que se consiguieran tres publicaciones científicas sobre las propiedades de la planta producida en nuestro país, las cuales se generaron en Chile, Brasil y México.
Con la información científica como base, se comenzó a trabajar en un proyecto tangible, comentan los docentes, ya que se pudieron validar los datos manejados desde hace mucho tiempo en la cultura popular de la sociedad paraguaya. Es decir, se dio una base científica a las propiedades del burrito, que garantizan su poder antidepresivo (mejoramiento del estado de ánimo) y contra la ansiedad.
El siguiente paso de este ingenioso proyecto fue producir el fitofármaco en alianza con el sector privado, que tuvo aceptación en el Laboratorio Lasca (Vicente Scavone y Cía.). Entonces, solo faltaba solventar el emprendimiento. Fue en ese momento que ingresó al escenario el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), ya que esta institución aprobó el proyecto y destinó parte de los fondos necesarios. En total, de los G. 488 millones del presupuesto, 21 por ciento corresponde al aporte del Conacyt y 79 por ciento, del consorcio UNA/Lasca.
Más adelante, los consumidores de antidepresivos podrán optar por los medicamentos del burrito, ya que estos no generan las reacciones adversas que sí generan otros productos que circulan en el mercado. Ahora solo se necesitan los correspondientes permisos del sistema sanitario nacional, ya que los productos que consiguen en el laboratorio están en proceso de ser registrados en el Ministerio de Salud, que busca demostrar que el producto es seguro para las personas.
¿Por qué el burrito?
El burrito fue, entre todas las opciones de plantas disponibles en el país, el electo por María del Carmen. Esto, debido a que se llegaron a aprobar las publicaciones que garantizan y validan las propiedades de la planta de mejorar el estado de ánimo de las personas.
Además, añaden los docentes, otra razón fue que se trata de una planta cultivada, lo cual garantiza que se tenga la suficiente cantidad y que el emprendimiento sea sostenible en el tiempo, sin riesgo a que se acabe la materia prima.
Pero los beneficios de este proyecto no solo han de permitir la venta de medicamentos a partir del burrito, sino también tendrá un impacto positivo entre los productores de la planta, que podrán mejorar sus condiciones de vida en la medida que la producción vaya aumentando. Actualmente, se está trabajando con los agricultores de San Pedro, quienes luego de un proceso de concienciación, ya comprenden la importancia del aspecto higiénico en las plantaciones, para lograr una industria seria y sustentable.
Tanto María del Carmen como Derlis opinan que la innovación es la base para el desarrollo de las sociedades. Es lo que permite que los países desarrollados obtengan crecimiento económico constante. Mucha gente cree que la ciencia es solo para los países ricos, pero eso es solo por desconocimiento sobre el tema, según aseguran.
Los productos que se generan con innovación en las economías más avanzadas producen mayor ingreso. En otras palabras, los países invierten en ciencia porque eso los hace ricos, y no al revés, como se piensa.
Explican que la innovación siempre va de la mano con la investigación y esta, a su vez, con la academia, es decir, con la universidad. Mediante este tipo de emprendimientos surgen grandes proyectos que redundan en beneficio para la comunidad. Según aclaran, la innovación no es simplemente montar un laboratorio y esperar que genere dinero, sino más que la infraestructura edilicia, lo importante es el capital humano. De ahí la importancia del aporte intelectual de la academia, para una sociedad más innovadora, más productiva y más desarrollada.
El trabajo de recolección de datos, creación y puesta en marcha del proyecto fue realizado por la Dirección de Investigación de la Facultad de Ciencias Químicas de la UNA. Los docentes María del Carmen Hellión, mentora del emprendimiento; y Derlis Alcides Ibarrola, jefe del departamento de Farmacología, comentan que no fue fácil captar la atención internacional para una investigación seria sobre el burrito.
En el marco del programa de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED), apoyado por el Gobierno español, los docentes investigadores presentaron al burrito como potencial antidepresivo, con la esperanza de ganar adeptos a nivel internacional para generar una base científica sobre el tema.
Al principio no tuvo mucha repercusión, admiten María del Carmen y Derlis, a pesar de que los estudios realizados en nuestro país garantizaban la efectividad de la planta. Como no se contaba con información sobre el tema, no llamó la atención de los representantes del programa CITED. Empero, como la falta de datos no se traduce precisamente en la descalificación de un producto, los compatriotas continuaron los estudios para crear esa información, en el laboratorio de la UNA.
Más tarde, la propuesta paraguaya fue una de las pocas que tuvo suficiente repercusión, ya que para verificar que los resultados de los estudios realizados en nuestro país fueran fidedignos, se llevaron muestras del burrito a los laboratorios de otros países, en donde se reprodujeron los mismos resultados. Esto permitió que se consiguieran tres publicaciones científicas sobre las propiedades de la planta producida en nuestro país, las cuales se generaron en Chile, Brasil y México.
Con la información científica como base, se comenzó a trabajar en un proyecto tangible, comentan los docentes, ya que se pudieron validar los datos manejados desde hace mucho tiempo en la cultura popular de la sociedad paraguaya. Es decir, se dio una base científica a las propiedades del burrito, que garantizan su poder antidepresivo (mejoramiento del estado de ánimo) y contra la ansiedad.
El siguiente paso de este ingenioso proyecto fue producir el fitofármaco en alianza con el sector privado, que tuvo aceptación en el Laboratorio Lasca (Vicente Scavone y Cía.). Entonces, solo faltaba solventar el emprendimiento. Fue en ese momento que ingresó al escenario el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), ya que esta institución aprobó el proyecto y destinó parte de los fondos necesarios. En total, de los G. 488 millones del presupuesto, 21 por ciento corresponde al aporte del Conacyt y 79 por ciento, del consorcio UNA/Lasca.
Más adelante, los consumidores de antidepresivos podrán optar por los medicamentos del burrito, ya que estos no generan las reacciones adversas que sí generan otros productos que circulan en el mercado. Ahora solo se necesitan los correspondientes permisos del sistema sanitario nacional, ya que los productos que consiguen en el laboratorio están en proceso de ser registrados en el Ministerio de Salud, que busca demostrar que el producto es seguro para las personas.
¿Por qué el burrito?
El burrito fue, entre todas las opciones de plantas disponibles en el país, el electo por María del Carmen. Esto, debido a que se llegaron a aprobar las publicaciones que garantizan y validan las propiedades de la planta de mejorar el estado de ánimo de las personas.
Además, añaden los docentes, otra razón fue que se trata de una planta cultivada, lo cual garantiza que se tenga la suficiente cantidad y que el emprendimiento sea sostenible en el tiempo, sin riesgo a que se acabe la materia prima.
Pero los beneficios de este proyecto no solo han de permitir la venta de medicamentos a partir del burrito, sino también tendrá un impacto positivo entre los productores de la planta, que podrán mejorar sus condiciones de vida en la medida que la producción vaya aumentando. Actualmente, se está trabajando con los agricultores de San Pedro, quienes luego de un proceso de concienciación, ya comprenden la importancia del aspecto higiénico en las plantaciones, para lograr una industria seria y sustentable.
Tanto María del Carmen como Derlis opinan que la innovación es la base para el desarrollo de las sociedades. Es lo que permite que los países desarrollados obtengan crecimiento económico constante. Mucha gente cree que la ciencia es solo para los países ricos, pero eso es solo por desconocimiento sobre el tema, según aseguran.
Los productos que se generan con innovación en las economías más avanzadas producen mayor ingreso. En otras palabras, los países invierten en ciencia porque eso los hace ricos, y no al revés, como se piensa.
Explican que la innovación siempre va de la mano con la investigación y esta, a su vez, con la academia, es decir, con la universidad. Mediante este tipo de emprendimientos surgen grandes proyectos que redundan en beneficio para la comunidad. Según aclaran, la innovación no es simplemente montar un laboratorio y esperar que genere dinero, sino más que la infraestructura edilicia, lo importante es el capital humano. De ahí la importancia del aporte intelectual de la academia, para una sociedad más innovadora, más productiva y más desarrollada.






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