En el Chaco Central claman por las lluvias

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En el Chaco Central y alrededores cayeron hasta ahora pocas lluvias y en algunos lugares siguen sin precipitaciones. La sequía cíclica sigue en marcha, aunque en algunos lugares con menos fuerza, pero la falta de agua golpea ya bastante fuerte a los hogares.

FILADELFIA, Chaco (Marvin Duerksen, corresponsal). Varias familias de esta zona del país dependen de la cosecha del vital líquido de las lluvias, a través de techos y aljibes.

Muchos hogares están con poca agua o sin el vital líquido, lo deben comprar de pequeñas empresas, que se han formado para proveer en esta época del año el vital líquido de algún pozo artesiano que funciona en esta zona.

Actualmente se pagan G. 36 por cada litro o inclusive más. Es decir, una carga de 5.000 litros de agua potable para abastecer a un hogar de cuatro cabezas por poco más de una semana demanda alrededor de 200.000 guaraníes.

A los indígenas los gobiernos locales proveen agua sin costo, pero esas instituciones deben comprar el agua de alguna parte y pagar también el transporte del líquido a las comunidades indígenas.

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En el campo hay tajamares con menos agua, en algunos casos ya sin agua prácticamente. Las pasturas siguen amarillas, sin nutrientes, mezcladas con arbustos y árboles nativos enverdecidos otra vez. El algarrobo está verde y provee de vainas a los animales. También algunos indígenas han comenzado a recolectar estas vaines.

Acueducto con poco avance

El acueducto hace cinco años que está en construcción con muchos problemas y poco avance en la primera parte. Está en la incógnita de cuándo terminará y proveerá el vital líquido para la población el Chaco Central.

Las dos costosas desaladoras de la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN), construidas en la época del gobierno de Fernando Lugo, no producen ni una gota de agua.

La planta ubicada en Teniente Manuel Irala Fernández solo desaló agua en forma experimental y la otra que está ubicada en Villa Choferes del Chaco trabajó a medias apenas tres años y después dejó de moverse ya casi cinco años.

Ambas plantas se pudren en el lugar, de manera que los chaqueños hacen lo que siempre hicieron, recolectar y producir agua con tecnologías experimentadas a nivel local, sin la ayuda de terceros y seguir esperando por lluvias en la zona.