Las autoridades del Ministerio de Hacienda no recibieron muy bien la opinión vertida por Barreto en nuestra edición del viernes último sobre el déficit fiscal. Ese mismo día, en una rueda de prensa conjunta, la titular de dicha cartera, Lea Giménez, y su viceministro de Economía, Humberto Colmán, salieron a defender la posición del Gobierno.
Barreto había expuesto la necesidad de avanzar en una política fiscal de reducción gradual del déficit hasta llegar de nuevo a un equilibrio de las finanzas del Estado, a más tardar en el año 2023.
Para Giménez, “buscar un déficit cero en sí no es un objetivo de la política fiscal (del actual gobierno), el objetivo es que la política fiscal sea sostenible”. En la administración de Horacio Cartes, el mayor déficit presupuestario se dio en el 2015, con un nivel del 1,8% (mayor que tope del 1,5%).
El viceministro Colmán fue más lejos, pues al apoyar a la ministra sostuvo que la posición de Barreto es extremadamente ortodoxa, más que el propio Fondo Monetario Internacional (FMI), y alegó: “Para qué recortar los gastos en Salud y Educación si puedo tener un déficit fiscal sostenible”.
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Llamó la atención que el viceministro apuntara directamente a gastos sensibles como los de Salud y Educación para apoyar el “déficit sostenible”, por lo que ayer volvimos a consultar a Barreto, para saber si a qué se refería exactamente él.
Contener salarios, evasión fiscal y otros
El exministro indicó que, por ejemplo, la contención salarial es esencial en el camino de la búsqueda del equilibrio de las cuentas fiscales. La Ley de Responsabilidad Fiscal (LRF) permite un déficit de hasta el 1,5% del Producto Interno Bruto (PIB) y solo los salarios absorben hoy casi 70% de los ingresos fiscales.
Otro de los frentes, según Barreto, es combatir más fuertemente la evasión y la informalidad. Se mostró asimismo partidario de, si se puede, incrementar los gastos en educación y salud, aunque para ello se deben ajustar ciertos impuestos para aumentar la recaudación. “Los nuevos programas deben ser financiados genuinamente con mayor presión tributaria”, afirmó el economista.
Barreto señaló también que esa es la única manera de mantener en el futuro la deuda por debajo del 30% del PIB, con lo cual estaremos en condiciones de afrontar shocks internos y externos que pudieran ocurrir más adelante. “Así podemos proteger la economía y los empleos de la gente ante una situación crítica”, afirmó.
Actualmente, el nivel de la deuda ya se sitúa en 25% del PIB. Esto luego de la última emisión de bonos soberanos por un total de US$ 530 millones. Tras esta última emisión, el saldo de la deuda pública se situó en unos US$ 7.697 millones.
Los más flexibles, pero...
A su vez, el economista Víctor Gauto, de MF Consultora, indicó sobre el mismo tema y ante nuestra consulta que los más flexibles para recortar son los gastos sociales, las compras de bienes y servicios y los gastos de inversión, donde no hay demasiada rigidez.
En cuanto a los salarios, indicó que son los gastos rígidos más difíciles de tocar y que para una reforma en este rubro se necesitará una voluntad política fuerte que permita en primer término la modificación de la Ley del Funcionario Público.
Según Gauto, los más flexibles para aplicar una contención de gastos, en las actuales condiciones, son generalmente los programas sociales (Tekoporã, Adultos Mayores y similares), compras y servicios (viáticos, bocaditos, transporte, etc.) y gastos de infraestructura.
Cuando hablamos de infraestructura hablamos de algo fundamental para seguir creciendo y mejorar la productividad, señaló el economista, agregando que “una intervención o recorte en esta área vendría a expensas de ese tipo de desarrollo. En cambio, los programas sociales no tienen componente de retorno”, acotó.
¿Crecerá menos?
El viernes, la ministra de Hacienda sostuvo que en todo este tema los administradores estatales están tranquilos, principalmente por la sostenibilidad de la deuda, aunque indicó que no se puede seguir esperando que la deuda crezca al mismo ritmo que al inicio, afirmando incluso que la misma empezará a estabilizarse, para ir bajando en el futuro.
Con la deuda se financian las obras de infraestructura y ahora también sirve para “bicicletear” la deuda vencida, pues al Estado no le sobra dinero para cubrir todos sus compromisos financieros.