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06 de Julio de 2008

| SITUACION INTERNACIONAL DE LOS SALTOS DEL GUAIRA (I)

Los primeros intentos de demarcación

A finales de la década del ’50, un grupo de intelectuales de acendrado patriotismo y gran valor cívico, alzó su voz en defensa de los derechos del Paraguay sobre los saltos del Guairá y su posible utilización para producir energía hidroeléctrica, frente al interés despertado por el Brasil hacia dicho potencial. En ese grupo se encontraba Benjamín Velilla, “gran investigador de profundísimo e inagotable venero de conocimientos históricos”, quien difundió esos derechos a través de medulosos artículos y conferencias. El que presentamos hoy es uno de los trabajos realizados en tal sentido y que formará parte del II volumen de “Aportes de Benjamín Velilla a la Historia Paraguaya”.

Visión paradisiaca de los saltos del Guairá, cubiertos hoy por el gigantesco embalse o reservorio del complejo hidroeléctrica paraguayo brasileño de Itaipú.

Visión paradisiaca de los saltos del Guairá, cubiertos hoy por el gigantesco embalse o reservorio del complejo hidroeléctrica paraguayo brasileño de Itaipú. / ABC Color

El Paraguay nació en la historia con un vasto territorio, que constituía en el siglo XVI la extensa gobernación española llamada del Río de la Plata o Paraguay, indistintamente. Fue lo que comúnmente llaman los historiadores la antigua Provincia Gigante del Paraguay, cuyos límites teóricos eran, al norte, el río Amazonas; al sur, el estuario del río de la Plata; al este, la línea de Tordesillas y el Océano Atlántico, y al oeste, la cordillera de los Andes.

Dentro de esta demarcación consignada por la Corona Española, Portugal descubrió y pobló las costas de Brasil, al este de la línea de Tordesillas, entre el Amazonas y el río Marañón, fundando un primer puerto en la bahía de Todos los Santos en 1520, origen remoto de la actual ciudad de Bahía, que prontamente extendió su jurisdicción hacia el sur, en competencia con los españoles.

Naturalmente, enseguida las dos potencias colonizadoras entraron en conflicto, alegando sus respectivos derechos de descubrimiento y posesión efectiva. Los títulos eran meras declaraciones de jurisdicción hechas en los mapas inciertos de la época, pero sin ocupación efectiva.

Hacia mediados del siglo XVI, España no tenía sino la posesión de Asunción, sobre el río Paraguay, de donde sus gobernadores despachaban comisiones a todos los rumbos para ubicar, en donde pudieran hacerlo, asientos de población hispana. Lo mismo hicieron los portugueses desde los puertos de Bahía y de San Vicente, hoy la ciudad de Santos.

Se trataba de ocupar todas las regiones que el rival no alcanzaba ocupar todavía.

Esta situación se convirtió poco a poco en competencia, que empezó por llegar antes a una zona desierta entrevista en las exploraciones, hasta adquirir caracteres de franca pugna armada.

Dos siglos de lucha

En dos siglos de estas luchas, los portugueses llegaron hasta el río Paraná, desalojando sistemáticamente las débiles poblaciones españolas de la Provincia del Guairá, sujeta al gobierno de Asunción desde el océano Atlántico. En aquellas luchas se forjó el sentimiento patrio paraguayo, por cuanto sus hijos eran principalmente los soldados españoles de la resistencia, en continúa campaña, defendiendo su propio hogar nativo.

En 1750 se suscribió el primer tratado jurídico de definición de las fronteras, entre las colonias de España y Portugal en nuestro continente, sirviendo de base para esa definición las posesiones positivamente mantenidas en ese momento por una y otra nación.

Este tratado es el célebre Tratado de Madrid, firmado el 13 de enero del citado año 1750 por los plenipotenciarios de los reyes Juan V de Portugal y Fernando VI de España. Es el documento internacional, que hasta hoy sirve de argumento primordial en los derechos coloniales transferidos a las repúblicas independientes que se formaron posteriormente.

Con algunas pequeñas modificaciones acordadas después por mutuo acuerdo entre los signatarios, adquirió el nombre histórico de Tratado de San Ildefonso, porque tales modificaciones se ratificaron definitivamente en la villa de ese nombre el año 1777. En lo que respecta al Paraguay, no hubo modificación alguna en la letra de ambos tratados. Los artículos 5º y 6º del Tratado de Madrid se repiten exactamente en los artículos 8º y 9º del Tratado de San Ildefonso.

Estos artículos dijeron ..... art. 5º de Madrid y 8º de San Ildefonso “Desde la boca del río Yguazú proseguirá la frontera por el canal principal del río Paraná hasta donde se le junta el río Ygurey por su margen Occidental”. Art. 6º de Madrid y 9º de San Ildefonso “Desde la boca o desembocadura del Igurey, seguirá la raya aguas arriba de este río hasta su origen principal, y desde este nacimiento se trazará una línea recta por lo más alto del terreno hasta alcanzar las cabeceras y vertiente principal del río más vecino a dicha línea y que desagüe en el río Paraguay por su margen Oriental, que tal vez será el que llamamos río Corrientes y bajará la raya por las aguas de este último río hasta su caída al río Paraguay, desde cuya confluencia subirá por el canal principal que el río Paraguay deja en tiempo seco hasta las lagunas llamadas de la Bahía Negra, cuyo desagüe permanente constituirá el límite en dicha zona”.

Para demarcar estos límites en el terreno, se nombraron comisarios peritos con personal vario de topógrafos, cartógrafos, ayudantes, escoltas, médicos, de cada parte. En tal carácter vino a nuestro país en 1783 el desde entonces célebre capitán de Navío y sabio naturalista don Félix de Azara, comisario español de la 4ª comisión, a la cual correspondían las fronteras de los ríos Paraná y Paraguay, hasta el Jaurú en el Chaco.

Los peritos de ambas comisiones hicieron prolijos estudios geográficos previos, para determinar la exactitud de los imperfectos mapas que trajeron de Europa, estudios que engendraron una seria divergencia cartográfica.

Los portugueses sostuvieron que el río Igurey indicado en el Tratado era un pequeño río que desemboca a siete leguas debajo del salto del Guairá, llamado Garey o Iguarí en un mapa francés del año 1748. Azara sostuvo que tal nombre no es conocido por nadie en dicha región, ni interpreta el espíritu del Tratado de San Ildefonso, que ha querido indicar el primer río caudaloso que desemboca al Paraná por su margen derecha, siendo que el preferido por los portugueses es, en todo caso, un pequeño arroyo que sólo tiene agua en tiempo de lluvias.

Y fijó el verdadero Igurey como el afluente de un río que los portugueses llaman, Yaguarí o Ivinheima, a 50 leguas al norte del Guairá, pues este río efectivamente se encuentra en las proximidades de las cabeceras del río Corrientes, llamado también Apa en el país, que claramente señala el mismo Tratado para el límite septentrional de la provincia del Paraguay.

Siendo tan diferentes ambos postulados, los comisarios resolvieron elevar sus distintos dictámenes a los respectivos gobiernos y suspender mientras tanto la demarcación, en espera de las órdenes que reciban al respecto.

Aprobación de la Corte de Madrid

La Corte de Madrid aprobó la conducta de Azara y le ratificó que el pensamiento del Tratado de San Ildefonso ha sido tomar el primer río caudaloso encima del salto del Guairá y no debajo de dicho salto; le comunicó además que el rey Carlos III daría Comisión a su embajador en Lisboa para recordar ese pensamiento originario al rey de Portugal.

Las negociaciones serían lentas, pues transcurrieron dos años para que el comisario portugués coronel Rocio comunicara que estaría dispuesto a consentir que se tome el río Iguatemí, tres leguas arriba del salto, como límite, ligando su curso con la contravertiente oriental más cercana que tuviese desembocadura al río Paraguay, interpretando así la indicación titubeante del llamado río Corrientes en los tratados.

Rebatió Azara que sobre el río Corrientes, o Apa, no podía existir ni existió duda alguna y que la proposición portuguesa significaba tomar el río Jejuy por Corrientes, tesis modificativa que él no podía aceptar sin expresa orden de su gobierno. La demarcación se suspendió entonces definitivamente, a pesar de que la comisión portuguesa anunció que recabaría instrucciones de Lisboa, si desde la naciente del Iguatemí se podría seguir las altas cumbres de la cordillera del Amambay hasta las nacientes del Apa como frontera terrestre.

A su vez, Azara comunicó a España tal idea, recibiendo la contestación de que los límites debían fijarse por el río Paraná, y solamente como frontera terrestre el trecho entre el nacimiento del Igurey y el río Corrientes, ciñéndose estrictamente a los tratados firmados. El comisario español esperó en el Paraguay durante 9 años, sin presentarse más los portugueses para la demarcación.

En 1792 regresó Azara a España, dejando todavía una subcomisión en espera de los portugueses, con un mapa exacto del Paraguay e instrucciones precisas sobre sus territorios legítimos. Este mapa es el que se llama “mapa de Azara” en la cartografía nacional.

Próxima entrega: Situación internacional de los saltos del Guairá.

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