El responsable del equipo de transición del presidente electo en Petropar, Carlos Cañete, informó sobre la situación catastrófica que soporta la entidad petrolera, según los documentos y los datos financieros a los que han accedido en las últimas semanas.
Lamentó que el gobierno actual le deje a la nueva administración el calamitoso estado financiero de la entidad, y que no se hayan animado a subir el precio del gasoíl como correspondía. “Nuestra posición es que el gobierno actual asuma su responsabilidad con el gasoíl”, comentó Cañete.
Consultado en cuánto recomendarían el aumento del precio del diésel cuando asuma Horacio Cartes, respondió que oficialmente no tiene una posición aún, pero tendrán que hacer lo que corresponda en su momento.
Señaló más adelante que el dólar tiene que cotizar en G. 4.150 (hoy está en G. 4.450 al tipo vendedor) para “al menos empatar” y debería bajar aún más, en G. 3.980 “para ganar”, lo que se encuentra muy alejado de la realidad.
Una forma de reducir la cotización de la moneda norteamericana es con la intervención del Banco Central del Paraguay (BCP), lo que tampoco es recomendable porque afectará las reservas de la matriz bancaria, por lo que cae de maduro que una de las primeras pruebas de fuego del nuevo gobierno, además de luchar contra la corrupción empotrada en la petrolera estatal, será la definición del sensible tema del gasoíl.
Monumental pérdida
Petropar pierde actualmente US$ 3.820.000 por mes con el subsidio al precio del gasoíl, refirió. La venta promedio también se redujo drásticamente en los últimos tiempos, de un promedio de 80.000.000 de litros, que se registró en 2011, a una constante reducción en el 2012, ya llegó inclusive a vender un promedio de apenas 66.000.000 de litros por mes. Actualmente, el promedio de venta oscila entre 63.000.000 y 68.000.000 de litros mes, muy inferior al histórico que registraba esta empresa con el monopolio de hecho en el mercado, cuando llegó a comercializar un promedio de entre 90.000.000 y 110.000.000 de litros mes.
En contrapartida al calamitoso estado financiero y comercial, y la sustancial caída de su principal combustible –gasoíl– la administración de Sergio Escobar infló en forma prebendaria la institución, que ya contaba con un abultado número de funcionarios permanentes y contratados. Entre ellos ingresó a familiares, a su yerno (hoy comisionado al Ministerio de Industria y Comercio), a su presunta amante, quien funge de mandamás en la planta de Troche, otro antro de corrupción, que junto a un clan familiar y sindical, fueron ampliamente beneficiados con los negociados en el ente, dejándolo en la paupérrima situación en la que se halla.
