ENCARNACIÓN. Departamento de Itapúa (Juan Augusto Roa, corresponsal). A pocos días del inicio de clases, la Escuela Básica 2437 “María Frank de Rotter”, de la compañía San Antonio Ypecurú, tiene un estado lamentable. Lejos de ser un lugar atractivo y seguro, donde los niños puedan aprender con entusiasmo, el derruido local provoca espanto y aversión. La última inversión fue en el 2013, cuando construyeron baños sexados.
La institución se encuentra a mitad de camino entre las compañías San Antonio Ypecurú y Santo Domingo, en una zona rural de la capital departamental. Es el único local escolar en un radio de más de cinco kilómetros de polvoriento camino de tierra y está apostada frente a la iglesia San Miguel. Es notorio a simple vista que desde hace años, la escuela no recibe ningún tipo de mantenimiento, ni siquiera un remedo de pintura.
Las ventanas están con los vidrios rotos y la última intervención visible se aprecia en un cartel, donde se indica que en el año 2013, la Municipalidad local construyó un baño sexado con recursos del Fonacide. El letrero no especifica el monto invertido, como debería ser.
En la entrada principal, al lado de un precario portón de rejas, un viejo poste de tendido eléctrico de karanda’y sostiene un medidor de electricidad, con conexiones y cables en malas condiciones, que resultan un peligro.
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La escuela tiene tres aulas y un sector administrativo. Desde uno de los ventanales rotos se aprecia el interior de una clase donde yacen apiladas sillas y mesas destruidas, inservibles. En otra sala hay una suerte de “biblioteca” con una pila de libros ajados.
Ni el ambiente, ni las condiciones materiales del lugar, son propicios para despertar en los niños el interés por el conocimiento, requisito fundamental para aprovechar la educación.
Esfuerzo comunitario
Un matiz diferente hay en la escuela 936, “Arcángelo Benedetti”, del barrio Santa Rosa Guaviju, en San Juan del Paraná, unos 25 kilómetros al oeste de Encarnación.
El local fue recientemente refaccionado por vecinos, con ayuda de una empresa que les donó un lote de pinturas. Ellos realizaron un “lavado de cara” del edificio.
“Realizamos un esfuerzo. Con apoyo de los vecinos y del Rotary Club Encarnación juntamos G. 15 millones para contratar el trabajo de pintura y una empresa donó el material, pero quedamos cortos, y no pudimos terminar”, señaló el director, Ricardo Pallaux.
La escuela tiene cuatro aulas y dependencias administrativas. Recibe a unos 100 estudiantes, del prescolar hasta el sexto grado. “Una de las dificultades que tenemos para recibir ayuda del Fonacide es que la propiedad donde está asentada la escuela no fue transferida al Ministerio de Educación. Pertenece al Rotary”, explicó el educador.
Con todo, en el 2016, la administración municipal de Myrian Velázquez (ANR) construyó un baño sexado que reemplazó a un excusado que tenían en el patio.
