PEKÍN (EFE). En la víspera de los 150 años del nacimiento de Sun Yat-sen, el presidente de China Popular considerado el padre de la China moderna, el presidente Xi Jinping señaló que “compatriotas de ambos lados (del estrecho de Taiwán) y todos los hijos e hijas de China (...) deben tender la mano para oponerse a las fuerzas separatistas que abogan por la independencia de Taiwán”.
Las voces independentistas no solo se escuchan en Taiwán, sino también en Hong Kong, lo que motivó al Gobierno chino a vetar el acceso al Parlamento local a dos diputados partidarios de la autodeterminación de ese territorio.
Xi mostró su predisposición a dialogar con su homóloga taiwanesa, aunque le exigió como condición que acepte el “Consenso de 1992”, una fórmula que, para Pekín, implica que la China continental y Taiwán forman parte de un mismo país, con dos sistemas diferentes.
Sun Yat-sen (1866-1925) es el primer presidente de la entonces llamada República de China, tras la etapa imperial, y también el fundador del Partido Kuomintang (KMT), histórico rival del Partido Comunista de China (PCCh).
Ambos movimientos políticos reivindican el legado de Sun Yat-sen. Para los primeros, fue el revolucionario que derrocó al Imperio Qing, y para los segundos el fundador del régimen que heredó Taiwán, cuyo nombre oficial es aún “República de China”, al término de la guerra civil (1945-1949) que enfrentó a unos y otros.
