Ante los fieles que le escuchaban desde la plaza de San Pedro, el pontífice argentino repasó la pregunta evangélica de si “un ciego puede guiar a otro ciego”.
“Jesús subraya que un guía no puede ser ciego, debe ver bien, es decir, debe poseer sabiduría, pues de lo contrario corre el riesgo de provocar un daño a las personas que le han sido encargadas”, sostuvo desde la ventana del Palacio Apostólico.
De este modo, dijo, las Escrituras centran la atención en el rol de quienes mandan, de “los pastores de almas, las autoridades públicas, los legisladores, los maestros y los padres”, exhortándoles a comprender “el papel delicado” que deben acometer.
También habló de las personas criticonas: “Quien es bueno saca de su corazón y su boca el bien, y el que es malo saca el mal, practicando el ejercicio más nocivo, la murmuración”, señaló.
“El cotorreo, hablar mal del resto, esto destruye la familia, la escuela, el puesto de trabajo, el barrio. De la lengua empiezan las guerras”, advirtió el Papa, para después pedir a los fieles hacer una reflexión sobre sus actitudes hacia el resto de personas.
