El dato, aunque esperado, causa preocupación en un país que aún arrastra los efectos de la recesión de 2015-2016, con tasas de crecimiento endebles en los dos años siguientes (+1,1%) y 13 millones de desocupados oficialmente registrados.
Brasil sufrió en 2015 y 2016 la mayor recesión en su historia, con una caída acumulada del Producto Interno Bruto (PIB) de 7% y la economía comenzó a recuperarse en 2017 pero con un ligero crecimiento del 1,1%, que se repitió en 2018.
La caída de la industria, según analistas, obedeció al impacto de la crisis de Argentina.
Los analistas enumeran diversos factores que impactaron negativamente en la actividad este año, como la ruptura en enero del dique minero de Brumadinho, que dejó 245 muertos, y provocó una caída de 6,3% de las actividades de extracción en el primer trimestre.
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También, una contracción de las exportaciones de 1,9% en el primer trimestre contra el último de 2018, en un contexto de guerra comercial entre China y Estados Unidos.
Pero destacan como factor preponderante la frustración provocada por los retrasos en la aprobación de las reformas promercado, y en particular la del régimen de jubilaciones, prometidas por Bolsonaro durante la campaña electoral que lo llevó al poder en enero.
El gobierno -respaldado por un fuerte sector conservador se vio inmerso en polémicas con sus propios aliados que retrasaron la tramitación de las reformas y erosionaron la confianza de los mercados en el exmilitar.
