El experimento consistió en introducir en mosquitos portadores de malaria Anopheles gambiae unos genes editados para modificar su impulso sexual.
Los científicos aseguran que, al contrario que en estudios anteriores parecidos, no se detectaron mutaciones genéticas para oponer resistencia a los cambios, lo que sugiere que este mecanismo de “impulso genético” podría llevarse a cabo con garantías de éxito en la naturaleza.
Concluyen que la ausencia de resistencia hace que sea realista efectuar estudios de campo controlados.