CARACAS (AFP, EFE). “Reafirmamos la ilegitimidad de Nicolás Maduro (...). A partir del 10 de enero estará usurpando la Presidencia y en consecuencia esta Asamblea Nacional es la única legítima representación del pueblo”, dijo Juan Guaidó, elegido presidente de la cámara al iniciarse el año legislativo.
El Parlamento actual fue la última elección realizada con parámetros más o menos normales, y la oposición obtuvo una aplastante victoria, reduciendo al chavismo a un tercio del electorado.
Desde entonces, el régimen chavista ha recurrido a fórmulas inventadas a su medida para las siguientes “elecciones”, donde siempre resulta “ganador”.
El jefe parlamentario también consideró “rota o usurpada la cadena de mando” en la Fuerza Armada –principal sostén de Maduro–, a la que pidió apoyar los esfuerzos para “restablecer la democracia” en el país.
Ante la bancada opositora y el cuerpo diplomático, Guaidó se comprometió además a “generar las condiciones para un gobierno de transición” y “elecciones libres”.
“La presidencia no se encuentra vacante, se encuentra siendo usurpada (...), estamos en dictadura”, remarcó el diputado de Voluntad Popular, partido del dirigente Leopoldo López, en prisión domiciliaria.
Esta declaratoria se produce un día después de que el Grupo de Lima le pidiera a Maduro abstenerse de asumir un nuevo mandato de seis años y transferirle el poder al Parlamento mientras se realizan “elecciones democráticas”.
El gobierno socialista de México fue el único que no firmo la declaración conjunta.
Maduro, de 56 años, fue “reelegido” el pasado 20 de mayo en comicios anticipados, convocados por la Asamblea Constituyente, órgano oficialista también conformado por unas amañadas “elecciones” chavistas.
Las decisiones del Parlamento son invariablemente declaradas “nulas” por la corte suprema, íntegramente conformada por chavistas.
