SÃO PAULO (AFP). Con casi el 95,57% de las urnas escrutadas por el Tribunal Electoral, Jair Bolsonaro, un excapitán del Ejército, tenía 46,70% de los votos, frente al 28,37% de Fernando Haddad, designado candidato del Partido de los Trabajadores (PT) por el encarcelado expresidente Lula da Silva.
Como ninguno obtuvo más de la mitad de los votos, ambos tendrán que dirimir la presidencia el 28 de octubre en la segunda vuelta, tras unos resultados que corroboran la polarización que vive Brasil por la disputa electoral.
Bajar el tono
A menudo apodado ‘el Donald Trump brasileño’, este excapitán del Ejército, de 63 años, impulsó su campaña a través de las redes sociales, con un discurso antisistema en un país en crisis política, económica y de seguridad.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
Sus seguidores hacen honor a su segundo nombre y lo consideran una especie de “mesías” dispuesto a enfrentar “de la mano de Dios” la inseguridad y la violencia que azotan al país.
Otros lo ven como el único camino para acabar con la corrupción que llevó a Brasil a una fuerte crisis política, económica y social, en la que se vieron envueltos directamente los exjefes de Estado del PT Lula da Silva, condenado a 12 años por corrupción, y Dilma Rousseff, destituida a mitad de su segundo mandato.
No obstante, su falta de conocimientos económicos –que él mismo admite– y sus propuestas de nombrar militares en varios ministerios, liberar el porte de armas o implantar escuelas militarizadas en todo el país, para que a punta de “disciplina y jerarquía” mejore la educación pública en Brasil, le han traído un sinnúmero de detractores que lo ven como una amenaza para la democracia.
Pero poco antes de acabar el primer turno de votaciones afirmó: “gobernaremos para todos, independientemente de su fe religiosa, inclusive para quien es ateo. Gobernaremos para todo el mundo, para los gays incluso, que hay gays que son padres, que son madres”, afirmó.
Alianzas
El exministro de Educación (2005-2012) y exalcalde de São Paulo (2013-2016) salvó además in extremis al PT de una debacle histórica. Tras emitir su voto por la mañana en São Paulo, Haddad se dijo convencido de que habría segunda vuelta y empezó a tender puentes con otros candidatos.
La clave para que Haddad se acerque a los porcentajes de Bolsonaro reside en el centroizquierdista Ciro Gomes, que tenía 12,45% de los sufragios.
Haddad, un exalcalde de São Paulo poco conocido en otras regiones, heredó una buena parte del electorado de Lula, sobre todo entre la población pobre que mejoró sus condiciones de vida bajo su gobierno (2003-2011).
Pero durante la campaña Haddad “se olvidó mucho del centro, que es fundamental. Sin el centro no se gana una elección y menos aún se gobierna, entonces precisa esos apoyos ya. Son tres semanas, una campaña cortísima, y más aún tiene que pensar en la gobernabilidad, estableciendo compromisos con esos sectores” , dijo André César, de la consultora Hold, en Brasilia.
Jair Bolsonaro se autoproclama “soldado de Brasil”. Se mueve entre odios y amores por su actitud guerrerista para enfrentar la violencia, su lucha contra la corrupción y por sus manifestaciones machistas, homofóbicas y racistas.
Fernando Haddad heredó parte del electorado del expresidente Lula (en prisión), pero también el odio que inspira su mentor. Le reprochan la corrupción revelada por Lava Jato y la crisis económica que sufrió el país bajo mandato de Dilma Rousseff.
