Otros dos sospechosos de terrorismo continuaban prófugos y trascendió que se habrían fugado al exterior, posiblemente a Paraguay.
Miembros del gabinete del presidente Michel Temer dijeron, oficiosamente, que posiblemente esa cacería al terrorismo en lugar de transmitir una imagen de seguridad, alimentó la idea de que Brasil es tierra de nadie.
Hace dos semanas, policías de Río de Janeiro en huelga “blanca” se concentraron en el aeropuerto internacional Tom Jobim con pasacalles en los que recibían a los pasajeros con la frase “Benvenidos al infierno”. El jueves, empleados del metro hicieron lo mismo y alertaron a los visitantes que planean un paro por tiempo indeterminado por lo que no habría transporte en los Juegos.
Un ministro del núcleo central del gabinete indicó que esto (anuncio prisión de extremistas) puede diseminar el miedo en la gente, según informó ayer una reportera de la cadena Bandeirantes.
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Otros ministros recuerdan que ya hubo “20.000 turistas que cancelaron sus reservas” de hoteles en Río de Janeiro recientemente, cuando el intendente carioca Eduardo Paes reconoció problemas de seguridad al hablar para la cadena CNN.
Paralelamente ya fueron devueltos 50.000 boletos que habían sido comprados meses atrás, debido a lo cual el Comité Organizador lanzó una campaña publicitaria para la venta del alto stock de ingresos aún disponibles.
En vísperas del mayor evento deportivo del planeta, el centro de las atenciones informativas lo ocupa el riesgo de un atentado terrorista.
La noticia de ayer fue el traslado de los sospechosos que juraron lealtad al Estado Islámico a una cárcel de máxima seguridad de Campo Grande, en el estado de Mato Grosso do Sul.
Las cadenas internacionales de televisión y las agencias dieron amplia cobertura a la amenaza terrorista y algunos comentaristas se preguntaron si con la prisión de esos diez “aficionados” quedó abortado el riesgo de atentados.
El ministro de Justicia, Alexandre de Moraes, reconoció al anunciar las prisiones que los sospechosos no son profesionales del terrorismo convencional y ni siquiera tenían armas.
